MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



ESTA PÁGINA CONTIENE IMÁGENES MUY DURAS Y TEXTO QUE POR SU CRUDEZA, PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE Y HERIR LA SENSIBILIDAD. TANTO LAS FOTOGRAFÍAS COMO LO QUE SE HA ESCRITO NO HACE MÁS QUE MOSTRAR UNA REALIDAD BRUTAL, PERO SI CONSIDERA QUE PUEDE VERSE AFECTADO AL CONTEMPLAR LO QUE AQUÍ SE EXPONE, NO SIGA ADELANTE.

Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



Mostrando entradas con la etiqueta zoológicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta zoológicos. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de febrero de 2011

Vigozoo, donde las deficiencias no cuentan

No cumple la normativa europea aplicable, pero sigue abierto. Hablamos de Vigozoo, un ejemplo de cómo cuando los políticos están detrás de alguna irregularidad, aquí sigue funcionando de cara a la galería el “ya, pero es que…” y el “no es lo que parece”. Y si encima las víctimas a las que el incumplimiento afecta son animales irracionales la impunidad está servida, porque ellas no pueden ni tan siquiera expresarse a través de los cauces establecidos al efecto por el ser humano. Es la indefensión en estado puro.


Nuestra sonriente Concejala Chus Lago, la alpinista que ha coronado las cimas más altas del especismo – véase su actitud frente a la Organización Proyecto Gato – afirma que el Zoológico de Vigo “es un referente a nivel estatal”. Lo que no se aclara es si constituye un paradigma de lo digno o de lo nefasto. Ella, sin duda, intenta transmitir que representa un arquetipo en positivo, pero la insobornable realidad se empeña en desmentir las manifestaciones de la edil.



Y como los hechos son más difíciles de maquillar que las declaraciones, baste con comprobar cómo después de habérsele concedido a dicho de Centro de Reclusión de animales un plazo de entre uno y seis meses para remitir la justificación documental de las mejoras exigidas - y de esto hace ya casi un año - sigue presentando carencias tales como un servicio de cuarentena adecuado, la falta de acondicionamiento de la zona de herbívoros, que permanece cerrada, o el hecho de mantener en soledad a animales para los que es indispensable vivir en grupo.

Sin embargo, la Consellería de Medio Rural, no ha tenido problema en renovar la autorización de apertura de este recinto dedicado a exhibir una colección de seres vivos encerrados para que algunas personas disfruten con ese remedo de criaturas salvajes. Y si ya es muy triste, además de injusto, que a unos animales se les prive de la libertad, costumbres y entorno que en derecho les pertenecen, resulta todavía más deleznable que se les mantenga prisioneros, y de forma legal, en un espacio que no cumple hasta el último punto de la ley que lo regula.

Sensibilidad o respeto por el bienestar de los animales no humanos son valores que en muy pocas ocasiones podemos esperar de los políticos, pero ya que a estas mujeres y hombres no les agita la conciencia el saber que hay seres encarcelados sin que hayan cometido delito alguno, al menos deberían de mostrar la decencia de respetar escrupulosamente la normativa vigente y mientras no sea así, no dar por bueno y válido lo que no es más que otra muestra del egoísmo y cinismo de ciertos mandatarios. Además de una burla hacia los ciudadanos.

viernes, 9 de abril de 2010

Susi, la elefanta presa, oculta y moribunda

La Ciencia, y no Walt Disney, ha constatado que el cerebro de los elefantes supera al humano cuatro veces en tamaño y que posee una prodigiosa capacidad para almacenar información. Se sabe que aprenden y ejecutan tareas de forma precisa sin olvidarlas. También, que reconocen los restos de los cadáveres de sus congéneres, siendo dramáticas sus reacciones ante ellos y que por muy lejos que se encuentren, acuden a visitarlos esporádicamente mostrando cada vez que lo hacen un comportamiento que se puede interpretar como memoria del muerto y dolor por su ausencia.

Podríamos estar hablando de algún animal cuyas reacciones, comparadas con las del ser humano, no tuviesen semejantes analogías y aún así daría lo mismo, porque el respeto que todos ellos merecen no puede ser establecerse según la similitud con nuestra especie, sin embargo y entrando por un instante en el cruel juego del especismo, en esta ocasión encima nos referimos a una criatura que comparte con el hombre ciertas aptitudes, sentimientos y conductas fundamentales.


Ahora conozcan a Susi, una elefanta cautiva en el Zoo de Barcelona desde 2002, al que llegó tras pasar años de soledad absoluta en un Parque de Alicante. Estos seres tienen una necesidad vital de estar rodeados de los suyos y por eso su relación con Alicia, otra elefanta allí encerrada, se convirtió en una dependencia mutua que parecía mitigar un poco el triste destino de ambas en un entorno tan distinto del que su naturaleza demandaba. Pero vivir en un zoo implica para los animales, entre otras aberraciones en su comportamiento debidas al aburrimiento, al estrés, al miedo, a no poder relacionarse y a la falta de espacio, que se traguen todo tipo de objetos a su alcance, incluidos los juguetes que en ocasiones los niños les tiran.

Y así ocurrió, que en 2008 decidieron matar a Alicia por un agravamiento en sus continuos problemas estomacales. No se molestaron los encargados del zoo ni en realizar tan triste operación sin público, y ésta comenzó con el lanzamiento de dardos calmantes delante de los alumnos de un colegio que estaban visitando las instalaciones. Por supuesto también de Susi, que vio morir a su compañera y en el colmo de la ignorancia malsana del personal responsable, fue testigo de cómo seccionaron su cuerpo con una motosierra, dejándole que pasara toda una noche junto a esos restos sangrientos, pues no los retiraron hasta el día siguiente. Recordemos el sufrimiento que a los elefantes les causa la muerte de los miembros de su especie y sobre todo, si son de su manada.

Susi se quedó sola y enferma y fue empeorando hasta tal punto, que a día de hoy no permiten que sea contemplada por los ciudadanos, ya que su aspecto es terrorífico: las costillas se le pueden contar, presenta heridas en las orejas y los huesos de su cráneo aparecen fuertemente marcados. También sufre desmayos. Susi se está muriendo y no es éste un hecho reciente ni que pueda sorprender a nadie, pues ya hace mucho que el Colectivo LIBERA denunció lo espantoso de su estado y pidió que fuera trasladada a una reserva, pero en aquel entonces, los mismos responsables del Zoo que hoy la esconden del público, afirmaron que se encontraba en perfectas condiciones. Y eso tuvieron la desfachatez de asegurarlo cuando ya era patente su deterioro físico, pues además de padecer afecciones digestivas, de comerse hasta las chucherías y los envoltorios que le arrojaban e incluso de ingerir sus heces, realizaba continuamente movimientos repetitivos de modo compulsivo.
En aquel momento mintieron de forma consciente y hoy, siguen sin querer ofrecerle la oportunidad no ya de recuperarse, que dada su degradación acaso no sea posible, pero sí de que al menos pase sus últimas horas con otros elefantes en el Safari Sigean de Francia, donde están dispuestos a recibirla y a prestarle los cuidados que requiere. Sin embargo, por alguna extraña y perversa razón, el Zoo de Barcelona prefiere alimentar su agonía esperando a que muera sin haber cumplido todavía los 40 años, cuando el promedio de vida para estos seres en libertad está entre los 60 y los 70.

La crueldad tan profunda y prolongada que están mostrando con la desdichada Susi, una elefanta destrozada física y psíquicamente por culpa de su encierro en el zoo y de las condiciones a las que en él se ha visto expuesta, es como para que todos nos unamos expresando nuestra repulsa tanto al Director de las instalaciones como al Ayuntamiento de Barcelona, y apoyando la campaña que desde hace tiempo llevan a cabo LIBERA, FAADA y BORN FREE FOUNDATION, exigirles que muestren un mínimo de dignidad, de sensibilidad y de cordura, ya que hasta ahora sólo han sido pródigos en necedad, egoísmo y encarnizamiento, no permitiendo que lo que a este infortunado animal le quede de vida, transcurra disfrutando de la libertad, de las atenciones y de la compañía de otros elefantes, derechos que le han sido negados durante tantos años en nombre de los beneficios económicos de algunos humanos, los mismos a los les gusta vender su supuesta faceta de ecologistas y conservacionistas. Valores, éstos, difíciles de hallar cuando la realidad nos encoge las entrañas sabiendo de un animal enfermo y condenado a cadena perpetua. Pero eso sí, bien oculto en un intento de que ignorancia, indiferencia y olvido se den la mano, para que nadie perturbe la tranquilidad de conciencia de estos mercaderes hasta que descuarticen a Susi, como ya hicieron con Alicia.

Quién sabe, tal vez con lo que encuentren en su estómago, entre banderines, juguetes y golosinas, que de todo eso ha comido en el Zoo de Barcelona, puedan abrir un kiosco y venderles tales productos a los niños que allí acuden para ver cómo son los “animales salvajes”. Alguien debería explicarles que ese lugar alberga prisioneros, algunos moribundos, que en nada recuerdan a sus compañeros en libertad. ¿Es Guantánamo un centro con funciones pedagógicas y lúdicas a propósito para conocer las pautas de comportamiento y emociones del ser humano?

domingo, 22 de marzo de 2009

Susi, una elefanta enferma convertida en atracción de zoológico

Susi nació en África y es esclava. Susi tiene treinta y seis años y se encuentra enferma pero a pesar de ello se le continúa negando la libertad de la que un día se le privó. Susi tenía una compañera de juegos y de miserias, también retenida a la fuerza, pero su amiga, el único ser que procuraba un tenue alivio a su tristeza murió hace poco más de un año y con su ausencia, perdió el consuelo que mitigaba en cierta medida el dolor por su cautiverio. Hay personas que están luchando sin descanso por lograr que Susi sea liberada de su encierro y que de ese modo pueda vivir los años que le queden, probablemente no demasiados debido a su estado, alejada de la soledad que ahora le atenaza y compartiendo sus horas con seres como ella, cuya naturaleza y carácter convierten en condición necesaria e indispensable para que disfruten de una vida digna el estar rodeados de sus congéneres. Susi no sabe ni desea vivir sola y por eso se está muriendo poco a poco, porque ha perdido las ganas de seguir adelante, no quiere luchar más contra una rutina cargada de melancolía, de recuerdos cada vez más lejanos y de la certeza de un presente opresivo y detestable. Susi es una elefanta que permanece retenida en el Zoológico de Barcelona y a la que sus propietarios se niegan a libertar.

Esta víctima de una de las formas de esclavitud permitidas y subvencionadas hoy en día, mantenida en nombre de no sé sabe qué oscuro interés pedagógico nació en África en 1973. Allí tuvo la desgracia de caer en manos de los traficantes de animales, individuos dedicados a una tarea con un componente homicida - la muerte de las madres para capturar a sus crías – y con otro igualmente abominable – el secuestro de seres vivos para comerciar con ellos -. Pero no olvidemos que la oferta sólo se produce cuando existe la demanda, así pues la trata de animales sobre todo en las zonas más deprimidas del Planeta y los crímenes que su existencia implica, es posible porque principalmente en el llamado Primer Mundo hay quienes están dispuestos a pagar por adquirir ejemplares de diferentes especies. Poco importa que su obtención deje tras de sí un rastro de sangre, nada cuenta el hecho de que arrancar a un animal de su hábitat suponga condenarlo a la aflicción, a la angustia y a un tormento para el resto de su vida, acáso tampoco sea relevante que aproximadamente ocho de cada diez animales apresados para ser exhibidos en un zoológico no lleguen vivos a su destino, de hecho sobre un 50% mueren incluso antes de ser vendidos o de comenzar el siniestro viaje; entre las causas: las circunstancias de la captura, el hacinamiento, afecciones en su sistema inmunológico, proliferación de agentes patógenos debido al cambio de ambiente, peleas, episodios de automutilación, variación en las condiciones climáticas, traslados inadecuados, falta de tratamiento ante heridas o afecciones de cualquier índole, etc. Para los seres humanos involucrados en este cruento negocio, resulta mucho más barato capturar nuevos ejemplares que procurar cuidados y atenciones adecuadas a los que permanecen en su poder. Ni a los "proveedores" ni a los "clientes finales" les importa lo más mínimo el bienestar o el posible sufrimiento del animal, tampoco su muerte, es sólo una cuestión de rentabilidad y en este caso, mientras exista materia prima los "desperfectos" acaecidos durante el proceso se subsanan reponiendo género.

Susi ya no puede más y pararse a observarla es ser testigo de su padecimiento. Acáso algunos no sean capaces de ver más allá de un inmenso mamífero con una gran prolongación nasal y dotado de unos impresionantes incisivos, pero detrás de ese magnífico ejemplar de elefante africano hay un ser doliente y sometido a un suplicio perpetuo. Susi no muestra un comportamiento natural ni sus reacciones son las lógicas en una criatura de su especie, es que ni tan siquiera la supuesta labor pedagógica de su cautiverio es tal, porque aquellos que la contemplen estarán viendo actitudes aberrantes provocadas por su reclusión y aislamiento. Susi tiene pautas estereotipadas, esto es, repetitivas y compulsivas, propias de animales sumidos en un estado de ansiedad, hastío y melancolía. Balancea la cabeza y la trompa, apoya sus patas delanteras en el suelo alternándolas, pide comida de forma continua a los visitantes y ella, un animal vegetariano, ingiere así patatas fritas, embutidos, bolsas de plástico y objetos de todo tipo, lo que le causa continuos trastornos gastrointestinales. Susi incluso se come sus propias heces y este hecho, la coprofagia, es un síntoma visible en animales presos del tedio y de la tristeza. Susi roza el límite de su resistencia y está enferma física y psíquicamente pero para los responsables de su cautiverio ese no parece ser un asunto que importe demasiado. ¿Dónde está la función didáctica de los zoológicos?, ¿tal vez en mostrarnos a animales arrancados de su entorno y confinados a la fuerza?, ¿es realmente educativo observar la conducta de una criatura fuera de las condiciones ambientales para las que está preparada y privada del contacto de seres como ella?, ¿puede ser, en definitiva, motivo de alegría o diversión para alguien situarse enfrente de un animal cuyo mundo se encuentra hasta tal punto desvirtuado con respecto al que le correspondería, que ni sus reacciones o sus costumbres son naturales?. No, los zoológicos no son centros educativos ni de conservación, sino negocios muy lucrativos en los que en vez de ruido de motores o sonido de maquinaria, escuchamos el barritar, ladrar, mugir, relinchar, rugir o bramar de seres vivos convertidos en medios de producción, y al igual que los primeros se deterioran y estropean, estas criaturas también sufren el menoscabo propio de su uso e igualmente, si no es posible repararlas o no merece la pena hacerlo, se sustituyen por otras de similares características, que para eso existen lugares en los que su fabricación y distribución se lleva a cabo de forma permanente. Un estudio de la Universidad de Oxford indicaba que los animales encerrados en zoológicos se morían antes que aquellos que vivían en libertad y cómo no va a ser así, el mismo ejemplo trasladado al hombre deviene en resultados similares y es que la libertad, el desarrollarse en un entorno para el que nuestro organismo esté preparado y el contacto con individuos de nuestra misma especie, son aspectos tan necesarios para los animales racionales e irracionales como el alimento. Susi tiene garantizado este último en forma de todo aquello que sus visitantes quieran lanzarle, del resto nada queda en su vida y por eso ésta se va apagando poco a poco, entre movimientos repetitivos sin finalidad alguna, porque no son más que la manifestación visible de las patologías que la reclusión ha causado en esta elefanta, convertida en una atracción de feria y condenada a morir de tristeza y por las consecuencias físicas de la alteración en sus hábitos alimenticios provocada por su conducta antinatural.

Existe una Asociación Animalista en Barcelona que ha abanderado la lucha por lograr rescatar a Susi de la cárcel en la que permanece retenida y el nombre de este Grupo, LIBERA, está posiblemente más justificado que nunca en la causa que les ocupa, pues su principal objetivo en esta ocasión es liberarla de su confinamiento y trasladarla a unas instalaciones en las que pueda permanecer el resto de sus días en un estado de semilibertad. Susi nunca podrá volver a ser una elefanta normal ni le será posible recuperar todo aquello que la naturaleza le otorgó y que el hombre le robó, pero al menos tendrá la oportunidad de sentir durante el tiempo que las secuelas indelebles de su cuerpo y de su mente se lo permitan la compañía de otros elefantes, estará a su alcance moverse por un espacio adecuado y suficiente para un animal de su envergadura y necesidades y por supuesto, nunca volverá a ser la "elefanta loca" que se traga todo aquello que niños y padres le lanzan, riéndose y disfrutando ante la visión de una criatura enorme que lo mismo ingiere golosinas que envases.


La Campaña iniciada por esta Asociación incide tanto en Grupos Políticos para que intervengan en el asunto, como en los medios de comunicación con el objeto de que divulgue semejante injusticia y crueldad, pasando por actos en colegios para explicar cuál es la realidad de los zoológicos y lo lejos que ésta queda de la pretendida función cultural y conservacionista que pretenden ejercer, así como por el trabajo en la calle, para despertar el compromiso de los ciudadanos y lograr su colaboración negándose a ser partícipes del sufrimiento de Susi y de otros muchos seres dejando para ello de acudir al zoológico en el que permanecen retenidos a la fuerza, en esa prisión cuya población de reclusos se renueva de forma constante y que tiene una única razón de ser, la recogida de beneficios económicos. Pero los responsables del Centro en el que Susi padece desde 2002, año en el que fue trasladada allí desde el Safari Park Vergel de Alicante, se niegan a ponerla en libertad y afirman que se encuentra en perfectas condiciones, demostrando con ello hasta qué punto la mentira, la impiedad y el egoísmo pueden ser valores que prevalezcan en el hombre cuando hay dinero de por medio. Tal vez sea que todo este asunto de Susi en el fondo les esté reportando ingresos extras, pues conocida es la faceta morbosa de muchas personas y basta que exista constancia de que la elefanta es objeto de polémica, para que su número de visitantes aumente y con él lo hagan los dígitos de la cuenta corriente de los propietarios del zoológico.

A día de hoy en numerosas ciudades ya se ha prohibido que se exhiban elefantes en los zoos y se han creado santuarios para que a los animales procedentes de estos lugares, así como a los rescatados de circos o de espectáculos de otro tipo, se les devuelva la dignidad arrebatada y con ello se les resarza en cierta medida por todo el dolor y miseria a los que se han visto abocados como consecuencia de la acción del hombre. Pero de momento no parece que Susi, la elefanta que balancea su cabeza y su trompa una y otra vez, la elefanta que golpea primero con una pata en el suelo y después con la otra, la elefanta que come patatas fritas y la bolsa que las contiene, vaya a tener esa suerte que aunque llegaría tarde, muy tarde, aliviaría al menos el final de su existencia. Susi sigue encerrada en el Zoológico de Barcelona porque sus dueños no quieren que sea libre y si mañana, Vd. que está leyendo estas líneas, es una de las personas que acuden a ese lugar con sus niños para mostrarles "naturaleza viva y cautiva", deténgase por favor cuando llegue junto a la elefanta, obsérvela y por un instante, si es capaz, imagine que quien está allí encerrado es uno de sus niños, piense que alguien se lo arrebató cuando era sólo un bebé y que en ese lugar ha crecido lejos de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos y de cualquier muestra de cariño por parte de sus semejantes; no vea a un elefante, sino a un ser vivo repitiendo sus movimientos una vez tras otra, comiendo cualquier cosa y esperando la muerte física, porque la anímica hace tiempo que le llegó por más que su corazón lata todavía. Y pregúntese si merece la pena o si es justo que para poder ver a un animal salvaje a pocos metros le sometamos a tan larga y penosa tortura. No crea que la situación que le propongo que conciba es tan descabellada, en la primera mitad del siglo XIX se empezaron a ver en Europa los zoos humanos y en nuestro País, a finales de esa centuria, se exhibía en el Parque del Retiro de Madrid a integrantes de la Tribu de los Ashantis de procedencia africana, como Susi; por esas fechas también se podía ver previo pago de la entrada a nativos filipinos o a Inuits, originarios de las zonas árticas; por cierto que de los cincuenta que de estos últimos fueron expuestos para deleite de los espectadores tan solo nueve sobrevivieron, el resto murieron víctimas de infecciones y de enfermedades desconocidas en su entorno y para las que su organismo no estaba preparado. De esto que le cuento han pasado poco más de cien años y en aquel momento, mostrar a seres humanos de latitudes lejanas como hoy hacemos con los animales era algo cotidiano y aceptado; un conocido periodista de la época llegó a escribir en la Revista Blanco y Negro al respecto: "no muerden, se les puede pasar la mano por encima y no hacen nada". ¿Cuánto tiempo más tendrá que transcurrir para que sintamos repugnancia por nuestras acciones, al igual que hoy nos parece inmundo lo que nuestros antepasados consideraban conveniente?. Los zoológicos no enseñan zoología a los niños, sino que sirven para imbuir en ellos el convencimiento de que los animales han nacido para ser esclavos de todos los caprichos del hombre aunque tal condición les provoque un inmenso sufrimiento. Póngale documentales a sus hijos, cómprele libros en los que se explique el comportamiento y características de los animales y hágales comprender que no es necesario convertirlos en prisioneros para aprender sobre ellos. De ese modo habrá logrado dos objetivos: ampliar sus conocimientos en materia de zoología y enseñarles que la libertad es un don que nadie debe ni puede arrebatar a otra criatura. Y por favor, si le duele e indigna el calvario por el que Susi está pasando exprese ya de forma inequívoca y contundente su repulsa por el crimen que con ella se está cometiendo, el futuro de esta elefanta triste y enferma a la que la ambición humana le sigue negando el descanso y bienestar que apenas tuvo tiempo de conocer en su ya larga vida, depende de que las voces de aquellos a los que les angustia su retención en tan lamentables condiciones sean un grito que traspase el egoísmo de sus propietarios y la indiferencia de la administración. Pero hágalo ya porque a Susi el tiempo se le acaba, rodeada de felicidad y bienestar según los responsables del zoológico. ¿Será por esa pretendida dicha que se sigue comiendo sus heces?.



lunes, 31 de marzo de 2008

Dos nuevas reclusas ingresan en Vigozoo


Imagen: www.farodevigo.es

Una de las nuevas tigresas de Vigozoo


Vigozoo, el Zoológico de la Ciudad de Vigo (Pontevedra), ha puesto en marcha la estrategia habitual en este tipo de campos de reclusión animal para edulcorar la realidad que esconden dos nuevos ingresos en dicho Centro: un concurso de dibujo dirigido a los niños y la recogida de propuestas para bautizar a estas últimas adquisiciones.

En este caso las recién llegadas son dos tigresas de tres y ocho años, procedentes de un Circo. Han pasado de permanecer en jaulas de las que sólo salían para realizar sus números circenses y para los crueles entrenamientos que estos espectáculos requieren, a continuar su cautiverio en un Parque Zoológico.

Nada, absolutamente nada, justifica la condena de estos dos felinos que como tantos otros seres vivos, ven abocada su existencia a dar vueltas en recintos artificiales e inapropiados y en condiciones ambientales por completo diferentes a las que disfrutarían en su hábitat natural y para las que sus organismos no están preparados. Y todo esto sólo para procurar entretenimiento a las personas y para que nuestros hijos aprendan que la esclavitud animal a manos del hombre es una práctica además de legal, positiva y deseable.


Ojalá algún niño de los que participen en el Concurso los dibuje mordiendo los barrotes, autolesionándose o dando interminables vueltas en su celda, porque así quedaría retratada con más rigor la conducta adquirida a menudo por estos animales utilizados para la exhibición, como consecuencia de las patologías que el encierro forzoso provoca en su comportamiento. Pero los responsables de esta forma permitida de explotación nunca nos mostrarían esas imágenes, sinó que enseñarán aquellos dibujos infantiles que los representen felices y acaso humanizados, para vendernos la falsa estampa de un animal alegre, aunque tras rejas se consuma poco a poco una criatura que jamás conocerá el entorno que sus genes y su instinto apetecen y que muestra un patrón de comportamiento degenerado a consecuencia de su eterna reclusión.

También anuncia Vigozoo la retirada al público de una hembra de Oso Pardo por problemas de salud debido a su avanzada edad y que ha permanecido expuesta a los visitantes durante más de veinte años. Cinco lustros largos de confinamiento, una condena demasiado prolongada por haber cometido el delito de nacer animal.




sábado, 8 de marzo de 2008

Zoológicos: tráfico, prisión y sacrificio de animales

Son aparentemente lugares educativos, de esparcimiento y de diversión. Los Parques Zoológicos que hay en tantas ciudades, nos venden una imagen de lugares idílicos en los que niños y mayores pueden contemplar animales que de otra forma probablemente jamás llegarían a ver; se nos muestran también como verdaderos centros de conservación de especies que por estar en peligro de extinción, pueden seguir existiendo gracias a su reclusión en estas cárceles de animales.

Sin embargo esas criaturas, encerradas en un lugar que nada tiene que ver con su hábitat por mucho que quieran maquillar esas celdas de paisajes exóticos, están viviendo en un clima y en un entorno al que no están adaptadas y que sólo les causa sufrimiento y malestar. En lo que se refiere a la protección de especies amenazadas, tal vez sería mucho más conveniente destinar esfuerzo y dinero en salvaguardar los espacios salvajes donde estos animales tendrían que haber nacido y vivido, en vez de procurarles unos metros artificiales y sometidos a una continua manipulación por parte del hombre, con el que probablemente muchos de ellos jamás habrían tenido contacto en el caso de vivir en su espacio natural. Así pues, en este aspecto, los zoológicos no son más que una burda excusa para mantener un negocio que mueve gran cantidad de dinero y para desviar la atención sobre el porqué en el Planeta existen tantas especies amenazadas porque el hombre está acabando con ellas y porque reduce de forma drástica su ecosistema.

Lo que hay detrás de todos estos argumentos confeccionados a la medida de ciertos intereses, es un mundo en el que se entremezclan las capturas de crías, la muerte de madres que tratan de impedirlo, el tráfico ilegal, los traslados en condiciones penosas, la falta de espacio, entorno inadecuado para las diferentes especies y exceso de nacimientos o "población sobrante" que revierten en el sacrificio o venta de ese "superavit" a zoológicos de otros Países que no cumplen condiciones de salubridad ni de seguridad.

Existe toda una red desde los lugares de origen hasta los destinatarios finales, en la que participan cazadores, transportistas, intermediarios y empresarios para alimentar este tráfico de vidas en el que tantas y tantas veces, se quedan por el camino los cadáveres de los animales muertos al tratar de capturarlos, de las madres que tratan de proteger a sus crías y de los que no pueden soportar las condiciones lamentables en las que viajan. Es un negocio basado en la miseria económica de los que se dedican a arrebatarlos de su entorno natural, normalmente en zonas deprimidas donde por un puñado de monedas no dudan en cometer verdaderas carnicerías, y en la avaricia de intermediarios y destinatarios finales, cuyos ingresos se basan en comerciar con seres que sienten y padecen. Según datos existentes sobrevive como media uno de cada diez animales que son capturados en la selva para ser llevados a estos centros de reclusión.

Los Zoológicos, en sus llamativos folletos, nos muestran animales aparentemente felices y con aspecto saludable, organizan fiestas cuando se produce algún nacimiento poco habitual e incluso hacen llamamientos entre los niños para elegir el nombre de esta criatura recién nacida; sin embargo, jamás aparecen las fotografías de los animales que sacrifican o venden por falta de espacio; no nos cuentan que cuando un animal no resulta interesante, atractivo o rentable, se deshacen de él matándolo de un disparo o con una inyección letal o bien vendiéndolo; no aparecen en su publicidad los congeladores con los cuerpos de los que han eliminado, o los que han disecado, o los que han vendido a laboratorios, a cazadores o a Países donde se llevan a cabo prácticas terribles sin control alguno con los animales, como ocurre en China. Los zoológicos disponen de un espacio limitado y la reproducción que tiene lugar entre las especies que allí viven, sumada a una compra–venta continua que supone beneficios económicos para todas las partes implicadas, hace que llegue un momento en el que se quedan pequeños para albergar a tantas criaturas, con lo que encuentran la forma solucionar ese problema de falta de capacidad eliminando de las formas indicadas aquellos que por edad, estado, falta de interés o facilidad de venta a terceros, ya resulta más rentable prescindir de ellos que mantenerlos.

Tampoco parece importar demasiado los problemas de orden psicológico que demuestran muchos animales, sus comportamientos extraños, sus conductas repetitivas, agresividad o tendencia a autolesionarse, toda una serie de patologías debidas al cautiverio al que están sometidos y que acaban por trastornarles. Cuando caminamos por un zoológico, enseñando a nuestros hijos la diferencia entre un camello y un dromedario, fotografiándonos con un mono a nuestra espalda, no somos conscientes de que estamos siendo testigos y cómplices de una tragedia y de una de las formas más terribles de comercio, explotación y sufrimiento animal que existen, tragedia disfrazada de cultura, diversión y ecologismo.

En 2007, ante la pasividad de la Administración española, que apenas realiza inspecciones ni tiene un control efectivo para la concesión de licencias de apertura, La Comisión Europea abrió un procedimiento de infracción a varios zoológicos españoles por sus malas condiciones. Los responsables de los zoos implicados se defendían exponiendo los altos costes de mantenimiento y la falta de ayudas económicas, por lo que algunos de ellos decidieron cerrar sus puertas con lo que los problemas de las instalaciones dejaron de estar a la vista del público, pero esta falta de testigos no ha hecho más que empeorar la situación de los animales allí encerrados, ya que han continuado con la actividad de más ingresos les reporta, el tráfico de animales.

A comienzos del Siglo pasado se estableció un zoo humano en el Parque del Retiro en Madrid; allí se llevaron personas de Países lejanos como esquimales o aborígenes australianos para que fueran observadas por la gente en escenarios con decorados que trataban de imitar sus tierras natales. Aquel entretenimiento para los civilizados occidentales que supuso enfermedades e incluso le costó la vida a más de una de aquellas "atracciones humanas", fue considerado durante bastante tiempo como algo normal y digno de mantenerse. Al igual que hoy sigue ocurriendo con los animales, aquellas gentes eran consideradas como especies inferiores.

Eso son los zoológicos, cárceles de seres vivos, una solución antinatural, cruel y dolorosa inventada por el hombre para una vez más, utilizar a su antojo la vida en este Planeta creyéndose dueño y señor de cuanto alberga la Naturaleza.
-