MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



ESTA PÁGINA CONTIENE IMÁGENES MUY DURAS Y TEXTO QUE POR SU CRUDEZA, PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE Y HERIR LA SENSIBILIDAD. TANTO LAS FOTOGRAFÍAS COMO LO QUE SE HA ESCRITO NO HACE MÁS QUE MOSTRAR UNA REALIDAD BRUTAL, PERO SI CONSIDERA QUE PUEDE VERSE AFECTADO AL CONTEMPLAR LO QUE AQUÍ SE EXPONE, NO SIGA ADELANTE.

Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



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jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Quién defiende al Toro de la Vega?

¿A la tradición quienes aman al toro y al toro dictadores independentistas?





Leo en diferentes foros la felicitación de personas a los tordesillanos refiriéndose a los continuos intentos por acabar con este Torneo. Y reproduzco aquí los términos utilizados por uno de ellos en la página del Patronato del Toro de  la Vega: “La izquierda radical, el animalismo dictatorial y totalitario e incluso el independentismo antiespañol han hecho de todo para fulminar

jueves, 3 de septiembre de 2015

Rompesuelas, beneplácito y calma ante la tortura

Tordesillas: un puñado de hombres que linchan y un alcalde que les protege



Comienza septiembre. Lo hace para ti, lo hace para mí y también para una criatura inocente, pero mientras tú y yo lo acabaremos ella no podrá porque justo en su mitad será torturada, sin prisa y salvajemente hasta la muerte. Y cuánta no será su inocencia y falta de responsabilidad que ni siquiera lo sabe. Yo creía que todo condenado tiene derecho a conocer las razones de su veredicto y el contenido de su sentencia, yo suponía que para que se aplicase una pena era imprescindible que existiese un delito probado, pero estaba equivocado. Imagino a un niño de tres años

miércoles, 17 de septiembre de 2014

TORDESILLAS (ESPAÑA), 16/09/2014



Escenas cotidianas de un país
Foto 1: Se llama Ruth Toledano. Es cronista y periodista. Fue agredida mientras cubría una información sobre el alanceamiento del Toro de la Vega en Tordesillas el 16/09/2014.
Foto 2: Es activista por el fin de la violencia con animales. Fue apedreada en Tordesillas mientras se manifestaba contra

sábado, 9 de agosto de 2014

Dedicado a....



Maitines siniestros que anuncian paseíllo y paredón.

(Va por ti, Tordesillas).

Amaneceres que jamás tendrían que haber amanecido.

(Va por ti, Coria).

Mañanas de ignorancia y excitación.

(Va por ti, Amposta).

Tardes de tortura para el que no sabía y

jueves, 8 de mayo de 2014

La polémica inclusión de vaquillas en las fiestas de Monzón



Escritores y organizaciones internacionales desafían al concejal de festejos de Monzón a que dimita si se demuestra que las vaquillas sufren, algo que él ha negado públicamente a pesar de los estudios científicos

Las escritoras Rosa Montero, Soledad Puértolas, Isabel Pisano, Ruth Toledano, Marta Navarro y el escritor Julio Ortega Fraile, así como los representantes de las ONG animalistas internacionales Fundación Franz Weber, Leonardo Anselmi Libera! Carlos López y Plataforma Manos Rojas, Julio Ortega Fraile, se han dirigido al primer teniente de alcalde y concejal de medio ambiente y festejos de Monzón, Javier Vilarrubí Llorens, desafiándole a que

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Multa por llamar crimen al crimen"


Y un galardón por cometerlo. Hay que... jorobarse
Yo que hoy quería dedicarme a otros menesteres pero nada, estos del Patronato del Toro de la Vega de Tordesillas son un filón de inmundicia inagotable. Atentos a su última idea para la nueva ordenanza que se encuentra en periodo de alegaciones (falta saber si habilitarán instancias para interponer risotadas y arcadas): “todo aquel que por palabra o escrito difame el Torneo será penado con multa entre los 1001 y los 3000 euros”. De hacerse firmes las sentencias estos energúmenos van a entrar en la lista Forbes de los más forrados. La de mastuerzos hace tiempo que la lideran.
A partir de ahora mucho se va a pasear por las salas de los tribunales el espíritu de

jueves, 13 de septiembre de 2012

Ser niño en Tordesillas

(Texto escrito en colaboración con Lucía Arana Igarza, de la Protectora El Cau Amic)


Si los animalistas tuviésemos que enumerar las veces que nos han dicho que no nos importan los seres humanos, e incluso que los odiamos, nos faltarían ganas, memoria y dígitos.
Así que hoy no vamos a hablar de Volante, el toro alanceado hasta la muerte en Tordesillas el 11 de septiembre, vulnerando la ordenanza según la cual debería haber sido indultado, sino de cuáles son algunos de los efectos que sobre las personas, las que sí cuentan para los gurús de la ética especista, tienen estas acciones.
La niñez, desde el punto de vista legal y según la Convención de los Derechos del Niño, se extiende hasta los dieciocho años. En el plano psicoafectivo, dura hasta

lunes, 16 de julio de 2012

Toro de la Vega, el delito que no lo es


Cumple con los requisitos, pero es una excepción



El artículo 337 del Código Penal español comienza así: “El que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente a un animal doméstico o amansado, causándole la muerte o lesiones que menoscaben gravemente su salud, será castigado...”.

Tordesillas está en España, y el toro de raza de lidia, porque

jueves, 5 de julio de 2012

La sociopatía de los lanceros de Tordesillas


El ojo de un lancero de Tordesillas y el mío obedecen a idénticos principios anatómicos. Él y yo vemos exactamente lo mismo al contemplar a un toro derrotado y vencido por el agotamiento y el dolor. Los dos entendemos que en tales instantes angustiosos, el animal busca inútilmente llenar sus pulmones con un oxígeno que a esas alturas ya tiñe de rojo la tierra sobre la que se derrama su sangre. Uno y otro somos conscientes de su espantosa agonía provocada por las lanzadas. Y ambos sabemos que ese toro morirá.


Pero en su caso, una estampa tan sobrecogedora le resulta fascinante, seductora, mientras que a mí lo que logra es estremecerme. Y no estamos hablando de

domingo, 1 de julio de 2012

Yo desperté, pero a él lo mataron


La violencia no era un sueño y su agonía tampoco



Aquella noche de septiembre no era fría. Diría incluso que algo calurosa, aunque sin esa torridez estival que agosta hasta la mirada. Sin embargo yo estaba tiritando.


-Ya lo tengo aquí – pensé – ya he agarrado el puñetero catarro que me visita todos los años. Pero no me dolía la cabeza, ni la garganta o las articulaciones, no tosía ni moqueaba. Era como un escalofrío continuo, intenso y lo que

domingo, 24 de junio de 2012

Toro de la Vega 2012. Víctima comprada.

Ya te han comprado, ¿no? Un ganadero decidió criar varios cientos de kilos de carne para que fueran alanceados y les puso un precio que ha sido satisfecho. Nada importa que tu peso incluya un cerebro y un sistema nervioso central porque a partir del hombre hacia abajo, aquí todo ser vivo parece existir para su uso y disfrute. Así al menos lo dicta la tradición, lo alimentan las psicopatías y lo protege la ley.

Incluso te han puesto un nombre: Volante. Podía haber sido Desgraciado, Condenado o Trozo de Mierda, lo mismo da. Los dos primeros describen tu realidad y el tercero la consideración que mereces a tus verdugos.

Y ahora aguardas, ajeno al

martes, 13 de septiembre de 2011

Carta al lancero Oscar Zamorano

Señor Oscar Zamorano, sé que siente orgulloso de haber matado este martes 13 de septiembre. Y lo ha hecho con lo que suelen constituir agravantes: premeditación, alevosía y cuadrilla. Sin embargo, lejos de criticarle, le han ovacionado. No le han detenido, sino que en su lugar le han premiado. Lo que yo quisiera denominar como “su crimen” no está contemplado como tal porque constituye una excepción legal. En otro lugar, en diferente momento y con la misma víctima, lo que Usted ha perpetrado habría sido un delito. Hoy, algunos lo llaman proeza.

La víctima: Afligido, un toro de 600 kilos. El lugar: Tordesillas. La ocasión: las fiestas en honor a la Virgen de la Peña. Todos estos factores circunstanciales marcan la diferencia entre el deseo que muchos tenemos de calificarle como malhechor y, en el colmo de la aberración, que además de no poder hacerlo tengamos que ver cómo es tratado como un héroe. Pero las cuestiones formales no pueden jamás desvirtuar la naturaleza de su acción. En este caso perversa.

Por tal motivo tenemos claro que Usted carece de las cualidades indispensables para entender que la vida de un animal ha de ser respetada. Que desconoce valores como la compasión o la empatía. Que no sólo no se duele, sino que se recrea en el sufrimiento ajeno. Que en el reparto de neuronas no le tocó ni una de las denominadas “espejo”. En definitiva, que disfruta matando. Al menos toros, que es lo que le dejan.

Sí, no hay duda de que Usted, Señor Zamorano, era así antes, lo es ahora y continuará siéndolo, no en vano ya alanceó hasta la muerte a otro toro en la vega tordesillana en 2003. Lo desgarrador es que para aquello de lo que su conciencia adolece – una patología estudiada y fácil de diagnosticar – existe la aquiescencia del sistema. Llegados a este punto, nuestro asco, nuestra rabia y nuestro dolor, no encuentran más consuelo que la certeza de lo miserable de una existencia que necesita de tales actos para alimentar su ego.

Y dado que no esperamos ni su arrepentimiento ni cambios en su conducta, no va en el fondo esta carta dirigida a Usted, incapaz como será probablemente de reflexionar sobre lo abyecto de su comportamiento, sino que es un grito a una sociedad que en su mayoría jamás disfrutaría hundiéndole a un toro una lanza en el pecho hasta atravesarle el corazón, tal y como hizo Usted esta mañana. Porque a falta de una ley que se lo prohíba, confíamos en que sean los ciudadanos de este País, especialmente sus más allegados, los encargados de recordarle que matar a Afligido no fue una heroicidad, sino una demostración de violencia, mezquindad y cobardía. Mientras tanto, siga disfrutando de tan sangriento honor, que hacerlo ya le define.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Festejos locales con sangre animal (Cuando la ley admite el crimen)

Tal vez se deba a mi ateísmo, pero se me hace muy cuesta arriba creer que santas, santos y demás divinos patrones de miles de pueblos y ciudades en este País, demanden a sus devotos un constante maltrato y sacrificio de seres vivos. Unos 60.000 al año. Hablamos de multiplicar por doce en sólo trescientos sesenta y cinco días, el número de víctimas mortales que se calcula que produjo la Inquisición en España durante varios siglos: 5.000.

Como siempre, la empatía con el dolor ajeno, surge en función de especies y cercanía sin seguir un patrón fijo según el damnificado o la condición del acto que lo provoca, pues al fin depende de nuestra posición relativa con la tragedia. Así, duele más la agonía de un señor desconocido que viva a mil kilómetros que la de un perro, siempre y cuando ese can no sea el nuestro, claro. O turba en mayor medida un asalto con agresión en la esquina de la calle en la que vivimos, que el hundimiento de una patera con el ahogamiento de cuatro docenas de mujeres, niños y hombres que huían de la miseria o de la persecución.

Sesenta mil inocentes torturados y ejecutados, la mayoría toros, que arrancando adrenalina y risas a golpe de heridas, roturas, quemaduras, pedradas, atropellos, lanzadas y estertores, conforman el siniestro mapa festivo de nuestra geografía. Miles de criaturas pagando con su sufrimiento y con su vida la cobardía de políticos incapaces de poner freno a prácticas que, por su inmunda naturaleza, echan por tierra los cínicos alardes de progreso, justicia e igualdad de los que tanto hacen gala en sus mítines, declaraciones de intenciones que representan un canalla ejercicio de hipocresía.

Claro que la religión no es el motivo, sino una disculpa que no hace más que enfangar a aquellos que profesando una fe verdadera la traducen en actos solidarios. Y para quienes atienden a dogmas antes que al amparo de los más desprotegidos, la bula De Salutis Gregis Dominici, promulgada por el Papa Pío V y todavía en vigor, debería de constituir una justificación de peso para no exculpar, cuando no ejercer, tales prácticas.

Tampoco lo es la conservación de tradiciones. Quienes así lo afirman se convierten en adalides de la mendacidad, pues jamás serían partidarios de perpetuar el derecho de pernada para sus hijas o la esclavitud para sus hijos, costumbres seculares defendidas en su momento por otros que empleaban argumentos muy similares. Ni la diversión o la educación, porque ambas cuestiones no pueden ir legalmente ligadas a la exaltación de la violencia. ¿O si pueden hacerlo? Habrá que reconocer, a la vista de la realidad, que los supuestos legales no son más que hipótesis de trabajo. Se dice que la teoría no es una llegada, sino la posibilidad de una partida. En este caso, el camino hacia la erradicación absoluta de conductas violentas no parece una senda que los políticos se atrevan a acometer sin miedo ni rodeos, saltando como van de aberración en aberración por encima de unas víctimas que aparentar no ver.

Sesenta mil aldabonazos sangrientos e inocuos en nuestras conciencias impermeables a lamentos, lágrimas y hemorragias, a manifestaciones de angustia que apenas nada pueden esperar de unos seres, los humanos, con más miedo al policía que a su conciencia. El respeto por la libertad y la vida ajena no suele nacer de la reflexión y del saber ponerse en el lugar del que padece, sino que lamentablemente deviene de analizar las consecuencias que para uno mismo acarrearía violentarlas. Incluso para eso somos individuos egoístas y medimos la conveniencia o no de infligir daño a otros según el perjuicio que a nosotros nos cause el hacerlo.

Por supuesto, es lógico que la intensidad con la que nos golpea una tragedia dependa en parte de cómo nos afecte personalmente y que intervengamos dando prioridades por esa razón. En un accidente de tráfico yo trataría de sacar a mi hija atrapada en un coche en llamas - aunque sea su único ocupante – antes que asistir a otro vehículo en las mismas condiciones y con cinco personas en su interior. Aplicado a animales no humanos y sin tiempo para todo, salvaría primero a mi perro y no a los tres de mi vecino durante una riada. Pero estamos hablando de situaciones límite sobrevenidas, imprevisibles e inevitables, algo muy diferente a provocarlas porque en nuestra concepción moral no haya espacio para la compasión ante ciertas víctimas.

La experiencia demuestra que cuando la ley es cómplice o, excepcionalmente, no puede ser aplicada, el ser humano es capaz de perpetrar acciones lesivas para terceros punibles en otras circunstancias o lugares: las lapidaciones, las peleas de perros o los saqueos tras una catástrofe natural constituyen ejemplos de esta degradación moral reprimida por normas con sus correspondientes sanciones cuando existen y no por la ética de cada cual.

¿Cuántos devolverían con el dinero intacto en su interior una cartera que se encontrasen? Lavamos la conciencia entregando una documentación que para nada nos sirve pero nos quedamos con los billetes del mismo dueño. De igual modo, colmamos de atenciones a nuestro perro y echamos migas a los gorriones, pero callamos ante el alanceamiento de un toro en Tordesillas o la muerte de caballos reventados de cansancio y sed durante la Romería del Rocío.

Llegados a tal punto, antes que aguardar a los resultados de un cambio de sensibilidad en la sociedad a través de la educación que llevará muchas décadas – pues arrastramos siglos de cultura de la dominación – es imprescindible crear una legislación que impida, sin excepciones, abusos producto del individualismo y antropocentrismo que nos caracterizan.

Todos sabemos que el robo, la violación o el asesinato son conductas depravadas y extremadamente nocivas para la víctima. A pesar de esa certeza los gobernantes las prohíben sin esperar a que les pongan freno las conciencias particulares. El escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo: “El gran negocio del crimen y el miedo sacrifica la justicia”. Y de eso saben mucho gobiernos que, como el nuestro, se lucran de la venta de armas. Por lo mismo, más allá del origen personal del gusto por la violencia con animales en algunos ciudadanos: diversión, ignorancia, intereses, sadismo, etc., es una obligación de nuestros estadistas no continuar siendo cómplices de ella empleando la herramienta que los votos le han otorgado: la posibilidad de redactar leyes en las que debe primar el bien común antes que su popularidad.

Vivimos en este periodo del año días pródigos en fiestas locales en España. Cultura, entretenimiento y negocio son muy nobles aspiraciones, qué duda cabe, pero si para llevarlas a cabo se hace necesario que un toro, una vaquilla, un ganso, un pony, una ardilla o un burro experimenten un terrible tormento físico y psíquico que a menudo les conduce a la muerte, cualquier pretendida dignidad del esparcimiento o del lucro queda devorada por la perversión. Puede que sea utópico pedirle tal sensibilidad a un ciudadano, pero exigir a nuestros mandatarios su traducción al código penal es un derecho que nos asiste y al que no renunciaremos jamás.

jueves, 25 de agosto de 2011

Tordesillas, las razones (léase aberraciones) de un lancero: Justificaciones para preservar la tortura en pleno Siglo XXI

Algunos afirman que, hace más de quinientos años, Don Hernando de Vega acabó a lanzazos con un toro que se le cruzó a la comitiva en la que viajaba Isabel la Católica a su paso por la Localidad de Tordesillas. Otros sostienen que el episodio no es verosímil. Y digo yo: ¿qué importa que sea o no fidedigno?

La cuestión sustancial, la verdaderamente trascendental es que, suceso o leyenda, los españoles del siglo XXI podemos presumir de haberla convertido en tradición inamovible que habla de la racionalidad, de la ilustración y la grandeza de nuestro más preciado acervo: un ritual ancestral en el que héroes épicos redivivos asestan lanzadas hasta su muerte a un toro al que aman. ¿Qué expresión de afecto y admiración puede existir más sublime que desgarrarle las entrañas al ser venerado?

Hay quienes declaran sentir aversión y angustia al contemplar la lista de toros alanceados en la noble Villa durante sus festejos. Pobres flojos, ¿qué sabrán ellos del orgullo de conservar las señas de identidad de un pueblo? Esta digna costumbre distingue a los que la llevan a cabo y defienden. No - según aseguran esos apátridas del honor - como amparadores de un acto violento y brutal, sino como adalides del valor y el altruismo que emana de esta justa imprescindible e inmortal, por más que se empeñen en erradicarla un grupo de lunáticos para los que es más importante la vida de un toro – que en definitiva ha nacido para eso – que el orgullo de conservar usanzas milenarias.

Y que se sepa allende nuestras tierras que todos, absolutamente todos los tordesillanos, se vanaglorian de amar y preservar tan inmemorial torneo. Se sienten orgullosos de pertenecer a estos pagos que guardan la memoria centenaria de toros inertes cubiertos de polvo y sangre. El arrojo de esta especial raza de castellanos brota de beber en las hemorragias de una criatura dichosa en su ineludible sacrificio.

Fue concebida, gestada, parida y criada para tan eximia hazaña, del mismo modo que otros seres vinieron al mundo para ejercer una función que tuvieron encomendada durante siglos, hasta que llegaron los “libertadores” con sus ideas progres e, incomprensiblemente, lograron modificar las leyes y poner fin a tan solemnes y rentables disposiciones diciendo que “todos somos iguales”. Habrase visto: iguales dicen. ¡Mentecatos!

Es falso que algunos habitantes de Tordesillas callen su rechazo y que lo hagan por miedo. Las imágenes transmitidas por televisiones en las que se observan comportamientos violentos de los participantes hacia los periodistas y detractores de tan grave lid, no son más que montajes y manipulaciones malintencionadas y sacadas de contexto, porque si algo caracteriza a los lanceros es, como bien se explica en su ideario, la convivencia armónica, el gusto por la libertad, la cortesía, la hidalguía, la solidaridad, las buenas formas y - nada más lejos de esas maledicentes acusaciones de maltrato al toro – el mayor respeto al animal, porque en las normas del Patronato, reglas sagradas, se deja muy claro que se le tratará con la dignidad y honor que su categoría de torneante le confiere, y que nadie osará atacarlo, ni vivo ni muerto, ni de palabra ni de obra.

Algún ignorante habrá que afirme que hundir las lanzas en su cuerpo es agredirlo. ¡Mentira!, cada puyazo lo acerca al Olimpo de los seres legendarios. ¿Qué mayor prueba de deferencia necesitáis animalistas? Nuestro toro no quiere vivir, sino morir con gloria.

Y ya puestos no tengo porque fingir: las agresiones a los opositores no son montajes. Es verdad que se les da su merecido a los que mancillan estos lares para criticar. ¿Acaso es algo de lo que haya que avergonzarse? No. A los lanceros les sobran criadillas para eso y más. Ya está bien de actitudes pacatas y de perroflautas con síndrome de Bambi. Que nadie, ni ciudadanos metomentodo, ni periodistas del tres al cuarto, ni políticos españoles que van de progresistas o extranjeros ignorantes de nuestros más altos valores, son quienes para decidir sobre este amado y mimado toro que, además, se siente feliz en una batalla que apetece y al que no le duelen las heridas porque su bravura actúa de anestésico.

Si serán incultos que hasta se atreven a proclamar que el bizarro astado siente miedo, como si a estas alturas no supiéramos ya que eso es una debilidad únicamente humana. De otros humanos, por supuesto, que jamás nuestra. Y esos estudios científicos que dicen demostrar el sufrimiento físico y psíquico del animal nos los pasamos por el forro de las meninges. No creemos en ellos. Nosotros sabemos más de miuras o de vitorinos que toda esa chusma de etólogos, veterinarios y zoólogos abolicionistas juntos.

A nadie se le obliga a acudir, así que al que no le guste que no venga, pero los que tengan la osadía y desvergüenza de presentarse en Tordesillas para enjuiciar o filmar imágenes y difundirlas después buscando divulgar una crueldad que sólo ellos aprecian, advertidos quedan: ese mismo ideario, sacrosanta escritura del torneante, contempla que sean despedidos en mala hora. Y se hace de tal modo que no les queden ganas de volver.

Los patéticos defensores de los animales que cada año permite el Ayuntamiento que se manifiesten en los arrabales de la Ciudad suerte tienen de estar protegidos por las fuerzas de seguridad del Estado, que de otro modo no se llevarían huevazos e insultos, sino una buena somanta para quitarles la tontería. Mensajes hay escritos en el Foro del Patronato que animan a darles un escarmiento que jamás olviden, lástima que la policía lo impida.

Y sí, es cierto que esta soberbia costumbre recibe subvenciones con dinero público. También es verdad que a la infancia tordesillana se le convierte en testigo informado de tan sublime desafío con la esperanza de que mañana sean ellos, los niños de hoy, los heroicos lanceros que perpetúen este preciado tesoro cultural. Todo eso es así. Pero son razones para el orgullo y nunca para la deshonra. Queremos hijos bragados y no medrosos que se turban ante los estertores de un animal de cuya agonía nace nuestra insigne reciedumbre.

Asegurar que la administración sufraga una tortura y ejecución planificada, anunciada y pública es la mala baba vertida por los pusilánimes que en el fondo nos envidian. No hay vergüenza ni indecencia en consentirla y alimentarla, porque eso es justicia y la demostración de que los políticos locales tienen más redaños que todos esos ecolojetas de por ahí fuera juntos.

Vale ya de hablar de destinar el dinero a partidas sociales en vez de a ensalzar la muerte. Nada más sano para la sociedad que preservar hábitos en los que el hombre pueda demostrar su incontestable superioridad sobre todas las criaturas. Y es obligación moral enseñarle eso a los más pequeños, porque cuando se ejerce sobre animales no es violencia, sino disfrute de nuestros privilegios como humanos sobre el resto de las especies.

Mal que le pese a tanto defensor de los derechos de quienes por su condición inferior jamás podrán tenerlos, el segundo martes de septiembre está a pocas horas vista y ese día, esa gloriosa jornada, Tordesillas, Valladolid y España, la España garante del coraje y caballerosidad que durante tantos siglos nos ha caracterizado, y no esa otra sensiblera, cobardoide y afeminada, volverán, a golpe de renombrado acero de hoja lanceolada y de sangre necesaria, a demostrar que Gandhi no era más que un soñador timorato.

Lo era cuando manifestó que: “Un país se puede juzgar por la forma en la que trata a sus animales”. No lo califico así por la validez de la frase, que la tiene, sino por el sentido que con el que la pronunció, pretendiendo que la vida de las bestias fuese tan respetada como la humana. El pensamiento es acertado sólo si lo entendemos con su interpretación inversa, ya que gracias a este sublime uso, el alanceamiento del toro, se deja claro quién es la criatura suprema que a todas las demás habrá de dominar, y a nosotros se nos podrá juzgar como una raza de intrépidos y audaces capaces además de enfrentarse a quien haga falta por proteger al Toro de la Vega, uno de los escasos vestigios que nos unen a una virilidad que poco a poco se va perdiendo.

Afligido se llama el morlaco de este año. A alguien le he oído explicar que como Condenado habría que bautizar a todos los toros que combaten y mueren en una Vega que es para siempre tierra de denodadas gestas. Qué dañino es el desconocimiento. Estos animales no son víctimas de una costumbre feroz y abyecta, sino seres afortunados por ser escogidos para tan elevado honor, y mil vidas que tuviesen, mil vidas en las que elegirían morir alanceados. ¿O es que algún astado os ha dicho lo contrario?

Dejadnos en paz, pandilla de animalistas acaponados. Jamás conseguiréis acabar con el Toro Alanceado. Nosotros no somos tan apocados como en Manganeses, donde ya no se atreven a tirar a una cabra desde el campanario, o como en Coria, localidad en la que conseguisteis que no se le arrojasen dardos al toro. Sois unos adocenados vacíos de testiculina, que os turbáis por contemplar a un toro vomitando sangre, a dos perros combatiendo y arrancándose pedazos a dentelladas o la decapitación de un ganso. Qué pasa, ¿es que las personas no tenemos derecho a divertirnos? Entendedlo de una vez: los animales no son más que instrumentos a nuestro servicio y podemos hacer con ellos lo que nos venga en gana.

Menos mal que aquí resisten los tordesillanos y su Toro de la Vega, ciudadanos hechos de otra pasta. Todos, porque incluso los que dicen estar en contra mienten para confundiros. Y mejor que sea así y no se les ocurra perpetrar el imperdonable agravio de expresar su rechazo a nuestro sagrado torneo. ¡Faltaría más! Como dijo el gran Millán Astray: “Muera la intelectualidad traidora”, “Viva la muerte”… (Fin de las aberraciones que contiene este artículo).

Quiero que mis últimas frases no sean mías, y abandonar en ellas el pretendido tono irónico del texto que antecede repitiendo las palabras que dirigió Don Miguel de Unamuno al fascista en aquella ocasión, pues me parecen más que válidas ante el miserable espectáculo del Toro alanceado en Tordesillas y los motivos de sus verdugos: “Venceréis (sólo de momento), porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

viernes, 10 de junio de 2011

Toro de la Vega, Tordesillas 2011

En la película “Tiempo de matar”, un abogado trata de convencer al jurado en su alegato final de que su defendido actúo como cualquier padre haría al disparar contra los que le infligieron un daño atroz a su hija. Para ello propone a los doce miembros – mayoritariamente blancos, en la Norteamérica de los años 50 y que ya habían decidido declarar culpable al acusado, un hombre negro – que cierren los ojos e imaginen la escena: dos individuos se encuentran con la niña, la tiran, le arrancan la ropa, le orinan encima, se suben a ella y la violan, le lanzan latas llenas de cerveza, le cuelgan con una soga de una rama, ésta se rompe y su cuerpo cae al suelo, le disparan en la espalda y, finalmente, le arrojan desde un puente a un arroyo y allí le abandonan creyéndola muerta. Al terminar la descripción de los hechos les pregunta: “Pueden verla? Violada, con el cuerpo roto, empapada en orina, en esperma, en su sangre y dejándola morir… ¿Pueden ver ahora a esa niña? Pues ahora imaginen… imaginen que es blanca”.

Dentro de tres meses se va a celebrar una nueva edición del Toro Alanceado de Tordesillas. Permítanme emular a ese letrado rogándoles que recreen en su mente la escena con el animal perseguido, acosado por hombres a pie y a caballo,  por “torneantes” que cada vez que le dan alcance le clavan con todas sus fuerzas las lanzas que portan. Piensen en su final, cuando aterrorizado y desangrándose por docenas de orificios en su cuerpo provocados por el acero ensartado recibe la lanzada definitiva, la que venga a causarle la muerte tras una agonía espantosa y que proclamará a su autor como héroe y campeón del Toro de la Vega 2011.

¿Son capaces de concebir la situación descrita? Pues bien, ahora… - no se preocupen, no voy a pedirles que se imagen a un adolescente en el lugar de ese toro - es mucho más sencillo: ahora sustituyan a esa desdichada criatura por su perro o por su gato. Voy más allá: reemplácenlo por un perro o por un gato cualquiera. ¿Pueden verlo, pueden ver a ese animal aterrorizado, con sus patas dobladas, salpicado de hemorragias y rodeado de la horda que lo está matando?




Si después de realizar este ejercicio de imaginación y de representarse la tradición de Tordesillas con animales que, nadie que no sea un psicópata, identifica con seres destinados a la tortura, si después de recrear esa escena en su mente no son capaces de emitir un veredicto de culpabilidad hacia unos políticos que permiten, subvencionan y participan del alanceamiento de un toro, es que su ética está muy por debajo de la de un jurado que absolvió a un negro en la Norteamérica del racismo, y lo hizo porque al fin comprendió que el dolor de la víctima es el mismo con independencia del color de su piel, es el mismo sea cual sea su especie. 

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El asombroso Patronato del Toro de la Vega

En el Patronato del Toro de la Vega de Tordesillas, confiesan “sentirse cada día más admirados por las valerosas gentilezas que sus toreros populares plasman por campos, calles y plazas”, por lo que han organizado una nueva edición de los “Grandes premios Patronato 2010 al Valor Torero Popular”. Esta lúgubre Fundación, para quien no lo sepa, afirma existir para garantizar el conocimiento, promoción y defensa de lo que denominan su “Inmemorial Torneo”, consistente en que cientos de individuos, lanza en mano, persiguen y acorralan a un toro hasta que logran matarlo después de atravesarlo con sus picas una y otra vez. Incluso han creado un “Colegio de Lanceros”, pues consideran que tal espectáculo ha de ser preservado a toda costa.

Pero regresemos a la filosofía que impregna esos premios, porque sus miembros no sólo hacen gala año tras año de un sadismo e inconsciencia inconcebibles elevando la violencia gratuita a la categoría de doctrina, sino que con este reparto de galardones también están recompensando conductas que vulneran el Reglamento de Espectáculos Taurinos de Castilla La Mancha. Veamos, analizando la concesión del primer puesto al “Valor Torero Popular”, cómo la cuando la perversión y la insensatez van de la mano el resultado es algo tan deplorable como esto:

Los designados como ganadores son cuatro muchachos de Valonsadero (Soria). En la imagen que inmortaliza la “gesta”, tomada en campo abierto, se contempla en primer plano a tres de ellos, de pie y llamando al toro, mientras que el cuarto permanece a su lado pero metido dentro de un carrito de supermercado. El Reglamento, en su artículo 10º, dedicado a la Protección de los participantes, indica: “Se prohíbe a los participantes voluntarios activos portar objetos o útiles que puedan dañar a los animales o perjudicar el buen desarrollo del espectáculo”

Claro, que los ufanos integrantes del Patronato se pasan la norma por el forro de su tradición y lo hacen con tanta arrogancia que se expresan así: “Pese al Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares, nuestra torería no para de inventar nuevos lances…Tres valientes toreros acompañan a un cuarto, piloto experimental…para comprobar si el artilugio resiste acometidas...Valor, ciencia, empirismo, virtudes manifestadas en grado sumo en el sagrado valle soriano y que mueven al Jurado del Patronato a otorgar muy gustoso el primer premio”.

¿Qué pasaría si una Asociación homenajease públicamente a alguien que condujese hablando por el móvil, o a un motorista sin casco, o a quien se lanzase a las vías del metro al entrar éste en la estación? Ya, ya lo sé, estamos en España, y cuando de toros se trata casi todo se permite, desde convertir su agonía en una atracción popular hasta alimentar conductas suicidas.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El Toro de la Vega y la conciencia social

Protestar contra una salvajada inconcebible como es el Toro Alanceado de Tordesillas, parece causar en la sociedad y en sus responsables idéntica perturbación que la que se produce cuando arrojamos una piedra a un estanque. La repulsión que suscita tiene una vida igual de efímera que las ondas que se generan y al final, las imágenes de ese crimen quedan arrinconadas y olvidadas en el fondo de unas conciencias abotargadas ante el sufrimiento de los animales.

Y da la impresión de que no podemos hacer más. Cualquier otra acción de mayor envergadura serviría para catalogarnos como agresivos aunque no hubiese el menor atisbo de fuerza empleada contra terceros. Sin embargo a ellos sí se les permite la utilización de la violencia. Pueden torturar y matar impunemente a un toro anunciándolo antes y celebrándolo después. Nuestras reivindicaciones, siempre pacíficas y casi siempre estériles, han de ser en el horario autorizado y por las calles permitidas, y salirse de tal imposición significa cometer un delito. A la vista de lo que está ocurriendo, un delito más grave que atravesar con lanzas a un animal. De hecho esto último no lo es. La Ley protege al que mata y pone trabas a quien lo denuncia.

La concentración en Tordesillas, el Manifiesto firmado por cientos de representantes del arte y de la cultura, los artículos aparecidos en medios de comunicación, las declaraciones de determinados políticos, las expresiones de repulsa llegadas desde otros países… nada de lo anterior ha sido suficiente para detener una tradición repugnante y cruenta. Platanito ha muerto tras una espantosa agonía y los lanceros del Patronato del Toro de la Vega, ya están pensando en la siguiente edición y en el juego que les dará la próxima víctima.

¿Qué hace falta? – dígannoslo ustedes Señores políticos - ¿qué demonios hace falta para que prohíban para siempre un espectáculo sangriento que enaltece el sufrimiento de un ser vivo? ¿Una directiva europea?, ¿un referéndum que no se atreven a convocar?, ¿o tal vez gestores públicos con menos miedo y más decencia? En todo caso, lo que está claro, es que ustedes son responsables y por lo tanto cómplices de un acto brutal abierto a niños y adultos.

Yo sé que mis palabras, al igual que las imágenes grabadas de forma clandestina en Tordesillas y en las que vimos cómo el desdichado toro era asesinado – repito: asesinado – no van a valer de nada y que este asunto no merece su atención. Pero algo es indiscutible: yo, como otros muchos, estaré gritando a sordos, pero ustedes – y eso es más grave – están amparando a criminales legales. La historia podrá juzgarnos por utópicos pero jamás por tener las manos manchadas de sangre. Mírense las suyas, ¿pueden decir lo mismo?