MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



ESTA PÁGINA CONTIENE IMÁGENES MUY DURAS Y TEXTO QUE POR SU CRUDEZA, PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE Y HERIR LA SENSIBILIDAD. TANTO LAS FOTOGRAFÍAS COMO LO QUE SE HA ESCRITO NO HACE MÁS QUE MOSTRAR UNA REALIDAD BRUTAL, PERO SI CONSIDERA QUE PUEDE VERSE AFECTADO AL CONTEMPLAR LO QUE AQUÍ SE EXPONE, NO SIGA ADELANTE.

Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



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domingo, 28 de octubre de 2012

Cada piel es de su carne, y no de quien la compra


Decía Rousseau que el progreso parecía generar seres materialmente ricos y técnicamente poderosos pero moralmente deleznables. Y no debía de estar equivocado cuando la capacidad para crear y el afán por destruir no siempre son vasos comunicantes en la conciencia humana.
En sus laboratorios los científicos han descubierto cómo elaborar tejidos sintéticos con los que abrigarse del frío imitando cualquier textura, pero nadie ha encontrado el modo de deshelar la empatía en los seres humanos que para combatirlo siguen anclados en el desollado.
Llegan las bajas temperaturas y numerosas tiendas, por mucho ambientador con aroma de glamour, rostros perfectos y cuerpos esculturales con el que rocíen sus colecciones de pieles no pueden disimular el hedor a sala de disección, aunque los cuerpos excoriados

lunes, 27 de junio de 2011

¿Quién libera a los visones?

Imagine que es Usted el propietario de un medio de comunicación de cierta relevancia y que se encuentra con una noticia de alcance que naturalmente quiere divulgar. Piense ahora que dicho suceso afecta a dos partes en conflicto. Una de ellas le reporta beneficios a Usted por sus gastos en publicidad, la otra no le da a ganar ni un céntimo. ¿De qué lado se pondría? El código deontológico del periodismo aconseja que de ninguno, pero su interés personal y la experiencia nos dicen que del de aquel con el que más se vaya a lucrar. Ahora el ejemplo práctico: la detención de los animalistas por su supuesta responsabilidad en las liberaciones de visones. Si dejamos aparte unos cuantos medios alternativos que no suelen insertar anuncios publicitarios, la norma ha sido que tanto la prensa como la televisión han mostrado un apoyo descarado y muy poco objetivo al sector de la peletería porque así se aseguran seguir haciendo caja con él. Deberíamos reflexionar sobre eso.

Y también hacerlo sobre los números de la venta de pieles. Que el número de granjas de esta naturaleza haya sufrido una disminución constante y notable los últimos años, demuestra que los productos para los que proveen de materia prima tienen cada día menor demanda. ¿A cuántos industriales no se les habrá pasado por la cabeza hacer algo para no perderlo todo? Simular un allanamiento con suelta de visones para cobrar el seguro tal vez haya sido la opción de alguno. Casos ha habido de empresarios que le han prendido fuego a su negocio por idéntica razón. Pues estos señores que crían seres vivos para despellejarlos también son capaces de pensar, y la experiencia una vez más es quien mejor nos puede indicar quién sale realmente ganando con ese tipo de actos.

Pero no olvidemos otra cuestión: los animales que se les escapan fortuitamente a los que se dedican a criarlos para arrancarles la piel - según ellos mismos reconocen - y que multiplicados por los días de un año y por el número de granjas, arrojan una cifra de animales muy alta que también causa daño al ecosistema, ¿no es así? Por cierto, que el visón americano, catalogado como especie invasora, ha sido introducido en nuestro País por la industria peletera. ¿Eso no tiene sanción?

Para el animalista no tiene razón de ser hacer algo así puesto que no podría reivindicar semejante acto, con lo que queda fuera de lugar cualquier intencionalidad de colgarse medallas o de conseguir adeptos para la causa. Tampoco tiene el menor sentido que abandone a unos animales sabiendo que eso va a suponer su muerte en la mayoría de los casos y también daños para otras especies. La defensa de estas criaturas tiene como primera condición buscar su bienestar y eso, es algo que cualquier activista tiene claro y lleva a rajatabla. Un animalista no daña a un animal, lo protege.

Quien decide actuar desde la clandestinidad por la causa que sea recurriendo para ello a prácticas ilegales, no pierde tiempo ni recursos en realizar un trabajo paralelo legal a cara descubierta. Puede que algunos lleven a cabo acciones más o menos llamativas para generar debate y despertar la conciencia de ciudadanos en general y de políticos en particular al respecto, pero no cometerían la necedad de echar por tierra toda esa labor perpetrando un acto ilícito, y menos cuando las consecuencias que de él se derivan entran en contradicción con sus creencias.

Con la connivencia ya nombrada de muchos medios de comunicación por motivos crematísticos, los dedos acusadores que en este caso ya han emitido su juicio declarando culpables de terrorismo a estos activistas y pidiendo para ellos un castigo ejemplar, vienen principalmente de ámbitos taurinos y cinegéticos, además del peletero, por supuesto, sectores enemistados con los defensores de los animales y que están deseando que se acabe con ese movimiento. Pero la justicia ha de ser imparcial y porque creo que salvo tristes excepciones sabe dar muestras de esa objetividad, estoy convencido de que en esta ocasión no recaerá la culpa sobre quien no la tiene por mucho que unos cuantos se estén encargando de que así sea. Está claro que alguien soltó a esos animales (que nunca deberían de haber estado ahí encerrados) y que eso implica que se abra una investigación. Ahora bien, los sujetos que en este caso parecen más proclives a ser los responsables a simple vista, dejan de aparecer como tales a poco que se conozca la filosofía del animalismo y se analice a quién perjudica y a quién beneficia realmente algo así. Perjudica a los animales y del beneficio ya se ha hablado.

En EEUU hay varios casos documentados en los que los tribunales han probado que, detrás de acciones violentas en grado de tentativa o consumadas cometidas presuntamente por activistas defensores de los animales, realmente estaban miembros de industrias vinculadas a la explotación y al sufrimiento animal, llevando a cabo un montaje para criminalizar y desmontar un movimiento cuya ética es incompatible con los intereses de estos negociantes de la muerte ajena. Es ese un modelo de conducta muy peligroso pero cuyas ventajas son valoradas como positivas por determinados empresarios a ambos lados del Atlántico. Esta consecuencia sumada a la indicada en el segundo párrafo, lleva a pensar que una liberación de visones tiene más atractivo para el empresario que ve bajar sus ventas y que puede recibir una inyección de dinero, - e incluso deshacerse de un negocio que tiende a la ruina – que para ningún otro. Si a eso le sumamos que es bastante sencillo echar el muerto sobre aquellos que tanto le molestan, ¿qué más quiere?

La Organización Empresarial Española de la Peletería muestra publicidad en su página de las matanzas de focas con vistas al comercio. Y eso lo hace cuando desde 2010 está prohibido en la Unión Europea. Ver algo así en el mismo lugar en el que aseguran una y otra vez que los animales de sus granjas son objeto del mayor bienestar (ya me contarán cuáles son las delicias de permanecer continuamente en una jaula hasta el momento de ser despellejado y muchas veces todavía con vida), es un ejercicio de hipocresía y una muestra de evidente falta de respeto a la legalidad. De personas así me puedo creer ciertas cosas: desde que les importe un rábano la suerte que corran los animales que tienen prisioneros o cualquier otro del entorno, hasta que elaboren un perverso teatrillo con el objeto de escapar de la bancarrota. Y si entretanto algún inocente paga sus culpas tampoco les importa demasiado, pues en definitiva se trata de gente que lleva mucho tiempo denunciando lo cruel de su forma de ganarse la vida.

Creo en la total inocencia de los animalistas detenidos y confío en que ese sea el veredicto que todos ellos reciban. Pues se puede estar comprometido en la defensa de los animales o no, pero la justicia no puede tropezar en filias o fobias, sino que ha de obedecer a la reflexión razonada y en este caso, hay indicios más que suficientes como para determinar que esos activistas no tienen motivos éticos y pragmáticos para llevar a cabo unas liberaciones que irían en contra de sus principios y de sus intereses, pero que hay otros - los aparentemente perjudicados – para los que sí existen argumentos materiales para realizarlas, sustentados en una posición moral sobre el asunto que está muy clara a la vista de su trayectoria.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Liberar visones es malo, ¿y despellejarlos?

No voy a ser yo quien le lleve la contraria a Plutarco ni a las conclusiones de Julio Cesar, así que siguiendo la recomendación de éste último y como la mujer del Emperador, no sólo soy honesto sino que quiero aparentarlo, no vaya a ser que me acusen de “apología de la liberación”, que no existirá todavía como acción delictiva, pero cualquier día de estos algunos individuos, entre montería y corrida, propondrán que se contemple dicha figura legal a propósito de las frecuentes sueltas de visones en granjas y los que las aplauden.

Por eso afirmo que aquellos que las llevan a cabo son malos y tontos y que está muy feo liberar a estos animales, principalmente para el industrial peletero, que mira por donde ve como con cada una de estas actuaciones miles de sus esclavos, que permanecían todos condenados a muerte, corretean libres por los montes y con ellos, los millones que va a dejar de percibir por despellejarlos.

Los hechos ocurridos en Galicia hace pocos días, Comunidad en la que perduran la mayor parte de salvajes y sangrientas explotaciones de este tipo en España, han desatado una corriente de rechazo hacia los responsables de las liberaciones, linchamiento mediático al que se ha sumado la mayor parte de la prensa y de la televisión, que ya se sabe que esto de los productos suntuarios es como los lobbies taurinos, repletitos de gente forrada de pasta y con gran poder para influir en la línea de opinión. Porque los abrigos de visón no los compran los de los 420 euros mensuales, ¿no?.

¿Cómo es el discurso?: “Terrible impacto ecológico con grave peligro para las especies autóctonas por la acción del visón americano...”. Vamos, que mientras estén encarcelados no hay problema, lo peliagudo del asunto viene cuando alcanzan la libertad. Igualico igualico que cuando llevaban a los ilotas africanos a Norteamérica: si estaban encerrados en las plantaciones todo estaba bajo control, lo malo llegó con su manumisión, que se extendieron, proliferaron y ahora así les pasa, que tienen al descendiente de uno de ellos en la Casa Blanca.

Respecto a las consecuencias de que estos animales estén libres podrían ponerse bastantes “peros” a algunas de las falacias esgrimidas por las partes interesadas en su confinamiento: como que son solitarios y territoriales, lo que implica un índice de ocupación muy bajo por esta especie. Tampoco está de más recordar que antes que los defensores de los derechos de los animales, fueron algunos de los propios encargados de granjas peleteras, los que los soltaron cuando este infamante negocio perdió cuota de mercado y decidieron deshacerse de ellos, aparte de las evasiones fortuitas que desde la década de los 70 se vienen produciendo.

Luego nos cuentan, o mejor dicho, tratan de envenenar a la opinión pública, argumentando que “¡menudo amor a los animales!” el de los que hacen esto, pues la gran mayoría de los visones que se liberan morirán. Y tienen toda la razón, pocos serán los que sobrevivan, pero la pregunta que enmudece esa razón rastrera es la siguiente: ¿cuántos de ellos se salvarían de una muerte prematura en el caso de seguir enjaulados?. La respuesta es siempre la misma: ninguno. Probabilidad cero contra posibilidades escasas. ¿Qué escogen”.

Así que no nos vengan con consideraciones piadosas porque suena como un discurso de integración racial en boca del Führer, de hecho los propietarios de los visones invitan a que la gente mate a los evadidos y les lleven sus cuerpos no por evitarles sufrimientos mayores, sino para poder desollarlos y continuar con el negocio, del mismo modo que si la época del año en la que se produce la liberación coincide con aquella en la que las hembras están preñadas, el ruego es que se capturen vivos, así no perderán tanta materia prima.

Yo comprendo que en esta Sociedad, si uno no es “políticamente correcto” se le echarán encima y después, resulta muy complicado limpiar la imagen, sobre todo si conviene mantenerla inmaculada para poder pisar en ciertos salones, en ese caso entonces es mejor pasarse al otro lado o simplemente, no participar en estas cuestiones, pero lo triste es proclamarse en defensor de los animales y denostar a los que tienen el valor y la dignidad de jugarse el tipo por conseguir que se hable de su espantosa situación. No hay charla en ningún salón de actos, que tenga tanta repercusión como abrir las cárceles de estos seres.

Yo mantengo prisioneros de por vida a miles de visones para cuando alcanzan el tamaño y el grosor de piel adecuado, asesinarlos con gas o mediante electrodos y acto seguido, muertos si la ejecución ha tenido éxito o sólo aturdidos si no ha sido así, arrancarles toda la piel y en más de una ocasión, arrojarlos a un contenedor en carne viva y todavía moviéndose. Y si vienen unos señores y permiten que se escapen antes de que yo lleve a cabo mi lucrativa matanza, resulta que soy el bueno y el que puede lloriquear delante de las cámaras afirmando que esos asaltantes son gentuza sin escrúpulos. Hay que fastidiarse con la escala de valores vigente y con aquellos empeñados en que nada cambie.

Entonces, si dijese – que no lo hago, que para eso tengo un primo abogado - que las sueltas de visones me parecen un mal menor y buenas como llamada de atención sobre estas prisiones – cadalsos de seres vivos, sería tachado de delincuente y hasta de terrorista, palabrita ésta última muy de moda en boca de los maltratadores de animales para referirse a los que rechazan sus crímenes y exigen respeto por estas criaturas, pero resulta que si las critico, estoy contribuyendo a un negocio sangriento y miserable que acarrea verdaderas atrocidades cometidas con los animales para que unos cuantos, se vistan con sus pieles. Así que a la vista de lo dicho, que cada uno interprete mi postura como quiera, sobre todo teniendo en cuenta que soy gallego.

jueves, 8 de enero de 2009

La peletería, un lujo inútil y sangriento


Estos días pasados no me ha quedado otro remedio, como a la mayoría, que deambular más de lo habitual por centros comerciales y tiendas viéndome atrapado una y otra vez en atascos automovilísticos y humanos de los que, cartera aparte, conseguí salir indemne.

En mis periplos consumistas de estas jornadas y debido a las temperaturas tan bajas que se están registrando, pude ver a todos los ciudadanos enfundados en sus chaquetones tratando de combatir el frío como mejor podían. Pero en esa marea de zamarras, parkas y anoraks, me llamó la atención la profusión de abrigos de pieles, dentro de los cuales había casi siempre una mujer. No es que yo sea un experto como para distinguir a primera vista los que son de piel natural de los sintéticos, pero puedo asegurar que en una proporción nada desdeñable no eran artificiales. El resto de la vestimenta y complementos de sus portadoras, incluyendo en la mayor parte de los casos la presencia de llamativas - y a veces estrafalarias – alhajas que en modo alguno eran de imitación, contribuían a averiguar el siniestro origen del abrigo.

Y me ocurrió algo inquietante; cada vez que me cruzaba con una de estas señoras que, no sé por qué, suelen mostrar un gesto adusto con un permanente rictus de contrariedad y notables aires de superioridad y suficiencia, yo no podía dejar de imaginar la siguiente escena: me representaba a la pilosa dama embadurnada de arriba abajo en sangre; tanto su piel como la ropa, se me antojaban cubiertos de manchas sanguinolentas y restos de coágulos ennegrecidos, con lo que cobraba el aspecto de un peculiar matarife enjoyado al final de su jornada de trabajo. Y a sus pies mi mente concebía docenas de cuerpos desollados, algunos cadáveres, otros todavía con vida, pertenecientes a los antiguos y legítimos propietarios de la piel que ahora exhibía la mujer, a costa no sólo de una considerable suma de dinero, sino y sobre todo del suplicio y la muerte de los únicos con derecho a llevarla, aquellos que la tenían pegada a su carne hasta que les fue arrancada por el hombre.

Y cuando digo docenas de criaturas agonizantes o sin vida no exagero, porque para que una sola persona se dé el capricho de llevar un abrigo de piel natural, ese es el número de vidas torturadas durante largo tiempo y al fin, sacrificadas para confeccionarlo. Así, al cruzarme con alguno de esos seres humanos cuyo aseo diario no logrará limpiar la sangre que les empapa ni todo su dinero podrá comprar la sensibilidad de la que carecen, en función del tipo de piel me imaginaba ante ellos los cuerpecitos completamente excoriados; unas veces eran 60 visones, otras 20 zorros, 40 corderos, 15 castores, más de 100 chinchillas, 15 gatos salvajes, 25 domésticos o 15 perros – en China se fabrican también con la piel de gatos caseros y de perros no sólo prendas de ropa, sino incluso peluches o partes de juguetes que luego adquirimos en Occidente -, más de 200 ardillas o el mismo número de armiños y así con otras muchas especies: conejos, linces, ocelotes, martas, antílopes, cocodrilos, zarigüeyas, focas, pumas, nutrias, serpientes, canguros, etc. La lista de animales asesinados para la fabricación principalmente de ropa y complementos como guantes, zapatos, cinturones o bolsos entre otros, es tan extensa como cruel y espantoso todo el proceso para su obtención.

En España la mayor parte de animales empleados en la peletería procede de granjas aunque un porcentaje considerable proviene de individuos capturados por medio de trampas en las que, en ocasiones, permanecen prisioneros durante largo tiempo hasta que mueren desangrados; otras veces logran escapar tras amputarse la pata atrapada; en este caso lo normal es acaben pereciendo igualmente a consecuencia de las tremendas heridas. Y esos campos de concentración y exterminio inconcebiblemente legítimos, tienen como víctimas en nuestro País principalmente a zorros y visones. Veamos algunos datos que reflejan la realidad de este sangriento comercio: las granjas suelen estar ubicadas lejos de zonas pobladas para que así no se puedan escuchar los pavorosos gritos de los animales allí confinados. Jamás salen de sus jaulas hasta el día del sacrificio y éstas son tan pequeñas, que el cautiverio y la falta de espacio alteran su conducta, llegando a darse episodios de automutilación. La única premisa es que su piel no resulte dañada, así que el resto de circunstancias que puedan afectar al animal son ignoradas. Cuando han crecido y su pelo es el adecuado para convertirlo en un suntuoso abrigo, se les da muerte – o así es aparentemente – de diversas formas, siendo las más comunes romperles el cuello, asfixiarlos con monóxido de carbono o electrocutarlos. En el último caso se les introduce un electrodo en la boca y otro en el ano; el animal es seguidamente despellejado tanto si está muerto como si ha quedado sólo aturdido porque la "cadena" de trabajo tiene sus tiempos prefijados y no admite alteraciones. Cuando se utiliza el gas pueden tardar hasta media hora en morir. Es habitual, repito, que se les arranque toda la piel aún estando vivos y de ello dan fe tanto los testimonios de trabajadores como imágenes obtenidas. Hay vídeos en los que se puede contemplar al animal con toda su carne a la vista, manchado de sangre y sin un solo centímetro de piel o pelo encima, pero se le percibe todavía moviéndose, en algún caso incluso girando su cabeza para mirar hacia la cámara que está grabando tan terrible escena. Es indescriptible la sensación que produce la visión de su cuerpo enrojecido en carne viva, en el que resaltan los globos oculares observando a su alrededor y así ser testigo de su interminable agonía tirado en el suelo, tras ser desollado y a la espera de ser "tratado" como el "residuo" inservible en el que se ha cometido.

¿Alguien puede imaginarse lo que sentiría si le practicasen un corte longitudinal sobre la piel y limpiamente, comenzaran a despegársela del cuerpo hasta sacársela en una sola pieza?. Pues eso es lo que se está haciendo con determinados animales de modo legal y esa es la realidad que esconden los abrigos de origen animal que vemos en desfiles, revistas, escaparates o puestos en algunas personas. Está claro que no abrigan más y mejor que las prendas sintéticas y que éstas últimas, para quien les parezca hermoso ese tipo de tejido, imitan con gran fidelidad a las de origen animal. Teniendo en cuenta esos datos, sólo puede quedar un motivo para escoger un abrigo de piel natural en vez de uno artificial: la ostentación. Es harto conocido como el exceso de dinero, el mal gusto, el egoísmo y la jactancia son factores que a menudo van unidos. Estas mujeres y hombres, que se sienten muy ufanos llevando un abrigo de lomos de zorro, de visón o de piel de astracán (obtenido de ovejas karakul recién nacidas o todavía en el vientre materno, lo que implica que ambas, madre y feto, sean degollados y el segundo despellejado), no son más que espíritus mezquinos y egocéntricos, cuyo desprecio por el sufrimiento y la vida de otros es sólo comparable a su endiosamiento. Porque sólo puede responder a una perversa degeneración de los valores el arrogarse el derecho de vestirse con la piel de docenas de animales capturados o criados como esclavos y a los que, muertos o todavía alentando, se les ha desollado.

La industria peletera, un afán de lucro basado en el martirio atroz, mueve en nuestro País sumas ingentes de dinero y cuenta entre sus clientes además de con gran cantidad de seres anónimos, con numerosos personajes famosos por diferentes razones; pero si nos paramos a reflexionar sobre este hecho, veremos que en muy pocos casos son personas célebres por cuestiones humanísticas o conocidas por su preocupación por las injusticias sociales. Y es que la sensibilidad, la riqueza de espíritu, una ética adecuada, el compromiso con los desprotegidos y la capacidad para sentir el dolor de los otros, suelen ser aspectos reñidos con la afectación, la vacuidad interior, la petulancia y el desprecio más absoluto por el padecimiento ajeno ante los intereses propios. En este último grupo se encuentran normalmente los adquirentes de abrigos pieles obtenidos a base de separar la piel de animales adherida a su carne.

sábado, 5 de abril de 2008

Canadá autoriza que se aplasten 275.000 cráneos en 2.008











275.000, ese es el número de focas que el Gobierno Canadiense autoriza a que sean cazadas este año. Aunque existen dos formas legales de matarlas, el rifle y el hapakik, lo cierto es que el arma de fuego poco se utiliza porque los agujeros que las balas dejan en la piel del animal hacen que ésta se devalúe a la hora de comercializarla, así que lo habitual es utilizar un instrumento consistente en un palo con un pico de hierro en uno de sus extremos llamado hapakik, con el que según el Artículo 28 del Reglamento de Mamíferos Marinos canadiense emitido bajo la Ley de Pesca de Canadá, " se deberá golpear a la foca en la frente hasta que el cráneo quede deshecho o aplastado...". La Embajada de Canadá en España, ante las continuas protestas por la brutalidad de este método, ha emitido un comunicado que puede leerse en su Página Web en el que indica que dicha afirmación es un mito, ya que aseguran que "el hakapik es un arma para matar rápidamente al animal y sin crueldad", pero la realidad es que según las conclusiones de un Grupo de Veterinarios internacional e independiente, el número de focas a las que se les arranca la piel con capacidad para sentir dolor supera el 40%, una verdad macabra que en cualquier caso, pasa previamente por la necesidad de golpear repetidamente en la cabeza de la foca y no habrá Embajada ni Organismo interesado que pueda negar sin mentir al menos, el tremendo sufrimiento que tal práctica implica.
En 2.006 la Unión Europea aprobó una resolución solicitando la prohibición la venta de productos de foca en los Países miembros obteniendo el apoyo récord de 425 Parlamentarios, sin embargo, como para hacerla efectiva es necesario que cada País adopte de forma unilateral dicha postura, algunos se sumaron a la misma negando por Ley la entrada en su territorio de tales artículos y otros no lo hicieron; España se encuentra entre estos últimos y aunque en nuestro País la demanda es muy escasa se siguen comercializando. Firmas aquí presentes como Gucci, Versace y Prada muestran en sus escaparates género realizado con piel de foca para vergüenza de todos aquellos que sentimos asco, rabia y dolor contemplando las conocidas y espantosas imágenes de su aniquilamiento. También Empresas como Anroch Fharma, venden cápsulas de Omega 3 y Omega 6 hechas con grasa de foca para el tratamiento de enfermedades coronarias, patologías para las que existen medicamentos de origen natural como por ejemplo el aceite de lino o la soja.

Es cierto que cada día es mayor la presión internacional, tanto en el ámbito estatal como desde Grupos de presión para acabar con una actividad que parecía estar llamada a disminuir cuando cayó la solicitud de estos productos sobre todo por parte del Mercado Occidental, sin embargo la creciente demanda de dichos artículos en Países Asiáticos, no sólo en lo que se refiere a prendas de vestir, sinó y sobre todo de dietéticos y afrodisíacos, ha propiciado que Canadá siga autorizando las matanzas e incluso aumentando el número de focas a exterminar cada temporada, incumpliendo normativas al respecto tales como la de evitar la crueldad en los métodos o asegurarse de que el animal está realmente muerto antes de desollarlo. Más del 90% de los ejemplares salvajemente golpeados tienen entre 12 días y 4 meses de edad y hay un modo de actuación extendido entre los cazadores con el objeto de que se les escapen menos piezas, que consiste en aturdirlas de un golpe y así, dejando a la criatura herida, hacer lo mismo con otras para después, irlas rematando una a una, de tal modo evitan que en el tiempo que tardarían en acabar con la vida de una foca, - no olvidemos que han de golpearle varias veces -, las otras huyan al contemplar la escena, una táctica que supone prolongar de forma sádica la agonía de estos animales.

La realidad es que no es tan rentable económicamente como Canadá pretende hacer creer la caza de focas y de hecho, el Gobierno se ve obligado a otorgar subvenciones para su mantenimiento. El cazador Desmond Adams declaró en 2.007 al Periódico Canadiense Thester, que la actividad "es pura diversión", añadiendo que todos "salían a cazar focas porque les encanta hacerlo más que por dinero". Son ya varios los Países que se han dado cuenta de lo brutal y absurdo de esta práctica y la han prohibido fomentando en su lugar el turismo responsable en los mismos escenarios donde antes se masacraban cientos de miles de vidas, con lo que ha logrado mayores ingresos sin necesidad de reventar el cráneo de modo feroz a seres vivos.

El pasado año, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) así como la Organización Conservación de Mamíferos Marinos de México, formularon una denuncia ante la Comisión para la Cooperación Ambiental, en la que detallaban de forma pormenorizada los incumplimientos por parte de las Autoridades Canadienses de la Legislación Ambiental durante la Cacería anual de Focas Arpa en el Golfo de San Lorenzo y fuera de las Costas de Terranova y Labrador. En concreto, los apartados violados por Canadá eran el Acta Canadiense de Protección Ambiental, la Ley de Océanos de Canadá, el Reglamento de Mamíferos Marinos en lo relativo a la Ley de Pesca y las estipulaciones sobre Protección de animales del Código Penal en lo que se refiere a la prohibición de causar daño o sufrimientos innecesarios a los animales relacionados con el procedimiento que se debe seguir en la cacería comercial de focas en Canadá.

En muchos Países se ha vedado la importación y comercialización de productos de foca o está dicho proceso en marcha, entre ellos se encuentran Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda, Croacia, Bélgica, Austria o Italia. Y ese es el camino a seguir, ya que ningún Estado puede prohibir a Canadá que cace focas, pero la solución pasa por no permitir la entrada de esos artículos que provienen de un País en el que es legal y se fomenta tan sangriento crimen. España, lamentablemente, prefiere consentir y admitir la importación de ese género, a pesar de las exigencias cada vez mayores y más habituales de la Sociedad para acabar con esto, pero nuestros diferentes Gobiernos siguen callando y mirando hacia otro lado, tal vez conscientes de que a su vez, año tras año en el Parlamento Europeo están siendo criticados porque aquí todavía se consientan y subvencionen las Corridas de Toros, otra actividad tan execrable como la matanza de focas. A escala particular, los ciudadanos en contra de esta terrible realidad, que vivimos en Países en los que se admite el comercio con manufacturas procedentes de las focas, podemos y debemos dejar de comprar productos canadienses como modo de presión; en nuestro País entran principalmente en forma de pescado y marisco, sobre todo bogavante. Y es necesario por supuesto sumarse a las concentraciones que habitualmente se convocan frente a las diferentes Delegaciones Diplomáticas de Canadá o en otros lugares, con el objeto de denunciar de forma pública las matanzas y pedir acciones a nuestro Gobierno.

Las Autoridades Canadienses podrán ocultar o tergiversar la información en su propio interés, pero creo que ninguno de los que hayan visto las imágenes de las focas con sus cráneos abiertos agonizando en el hielo sobre inmensos charcos de sangre, nadie que haya contemplado a un cazador de focas blandiendo el hakapik sobre esa criatura que le observa aterrorizada con sus inmensos ojos, justo antes de descargar golpes sobre ella una y otra vez, para dejarla en muchos casos moribunda pero sensible al dolor y en tal estado despellejarla, podrá dudar de lo salvaje, despiadado e inútil de una masacre cuya función comercial es la venta de algunas prendas de ropa, de grasa para productos dietéticos y también de afrodisíacos, para lo que se utiliza el pene de la foca, todos ellos productos cuando no inservibles, sustituibles por otros cuya elaboración no supone matar a golpes a un ser vivo.

Cuando los gobiernos no son sensibles a las demandas de la Sociedad, no queda más solución al Pueblo que unir fuerza y voz y despertar la conciencia de aquellos cuyo deber es que nuestra cultura avance hacia la solidaridad y el bienestar, y nunca permanecer anclados en el oscurantismo y la barbarie por muy legales que sean. El Poeta alemán Heinrich Heine dijo: " Todo delito que no se convierte en escándalo no existe para la Sociedad". Hagamos oír pues nuestras razones y no sigamos admitiendo que un crimen tan repugnante no sea constitutivo de delito.











lunes, 17 de marzo de 2008

El lucrativo negocio de despellejar seres vivos

Todos las hemos visto, mujeres de rostro angelical y cuerpo perfecto posando en fotografías o desfilando en una pasarela y cubriéndose con un abrigo de piel. Así nos venden su producto los empresarios de la Industria Peletera y lo cierto es que logran su objetivo, porque el comercio de artículos obtenidos a partir de la piel de seres vivos mueve cantidades ingentes de dinero, en concreto la de los visones más de setenta millones de euros al año en España.

Como es habitual la publicidad nos muestra el lado amable del producto, representaciones rebosantes de lujo, belleza y "glamour", que son la cara agradable de una industria cuya cruz es un mundo oculto de tortura, de sufrimiento, sangriento como pocos y de una crueldad atroz. Las imágenes del proceso de fabricación de las prendas que luego exhiben ante los ojos de la gente forman parte de lo innombrable, de lo impresentable, de lo inconfesable, son la suciedad que permanece escondida para que no manche la magia de un mundo feliz cimentado sobre el dolor y la muerte.




Imagen: http://www.liberaong.org/



En España existen cerca de cien granjas de visones, la mayor parte de ellas en Galicia y situadas lejos de zonas pobladas por una sola razón, porque estas criaturas atormentadas por su encierro emiten un estruendo desgarrador. El cautiverio no sólo les induce a chillar desesperadas, sinó que altera su conducta degenerándola hasta un punto tal en el que llegan mostrar practicas de canibalismo y de automutilación. Permanecen en celdas minúsculas día tras día durante toda su existencia alimentándose de una pasta repugnante y expulsando las heces que caen a través de la malla que conforma el suelo de sus jaulas, una red para la que sus patas no están preparadas y que les causa lesiones que en ningún caso son tratadas.


En esas condiciones espantosas permanecen sin descanso hasta que a los seis o siete meses, normalmente coincidiendo con las temperaturas más frías para que sea mayor el grosor de su piel, son sacadas de su encierro para matarlas. Existen varios métodos para acabar con su vida: romperles el cuelo manualmente, asfixiarlas con monóxido de carbono o electrocutarlas. Existen relatos de personas que han trabajado en estas granjas y que nos cuentan el terror que experimentan los animales todavía enjaulados mientras oyen los gritos durante la agonía de sus congéneres, como a algunos hay que arrancarles literalmente las mandíbulas de las paredes metálicas de sus celdas porque se enganchan desesperados, como tratan de huir de lo inevitable golpeándose contra los laterales de las jaulas y como incluso algunos, han llegado a morir en el mismo instante de sacarlos, sin haberles hecho nada, simplemente porque habían escuchado la muerte de los demás y sabían que en ese instante era su turno. Los animales también pueden sufrir un paro cardíaco por terror, como nosotros, los animales humanos.


Imagen: aplicación de electrodos uno en la boca y el otro intruducido en el ano


Los que son gaseados tardan del orden de treinta minutos en morir desde que se inicia el proceso y los que son sometidos a descargas eléctricas no siempre mueren tras recibirlas, muchos de ellos quedan sólo medio aturdidos y sintiendo dolores horribles después de haberles metido un electrodo por el ano y conectarles otro en la cabeza, por lo que su despellejamiento comienza cuando todavía están vivos y por lo tanto sienten lo que les está ocurriendo. Sólo hay una premisa a la hora de matarlos: que su piel no sufra daños, el resto no importa, cualquier inversión en hacer más "humanitario" el proceso se rechaza porque comportaría gastos y está todo calculado, hacen falta de 50 a 60 cuerpecitos de visones o de 15 a 20 de zorros para confeccionar un abrigo y encarecer los costes utilizando medios indoloros recortaría los beneficios de esta industria repugnante y despiadada hasta límites insospechados.


Imagen: www.laspieles.org

Nos llegan a menudo noticias de actos de sabotaje cometidos contra granjas de visones; puertas abiertas y animales liberados por grupos calificados como delincuentes y cómo no, llega toda una cadena de reacciones al hecho: políticos como Xosé Sánchez Bugallo de Santiago de Compostela, que lo tachan de "atentado contra el Medio Ambiente", empresarios peleteros como Charo Carrillo de A Coruña que lo define como un "desastre ecológico" y que lamenta el que se hayan echado a perder años de su trabajo; toda una serie pues de declaraciones sobre lo terrible de estos episodios vandálicos, constitutivos hoy por hoy de delito. No voy a poner en duda en ningún momento que dichas actuaciones están fuera de la ley, como en su día, cuando las peleas de perros o de gallos eran legales, también era una transgresión al código penal el libertar a estas criaturas. Ahora que ya no están permitidos estos espectáculos, ahora que son condenados por la Sociedad y que su práctica está perseguida por la Justicia gracias a que nuestros gobernantes un día abrieron los ojos y se dieron cuenta de lo aberrante de su continuidad, nadie criticaría que se soltase a los perros recluidos de forma clandestina en un encierro para ser destinados a las peleas. ¿Cuál es la diferencia entonces?, que está prohibido que dos canes se arranquen la piel y la carne a dentelladas pero no lo está que el hombre separe una de otra a un visón, a un zorro o a una nutria y a menudo, con su corazón todavía palpitando.



¿Cómo es posible que hablen de desastre ecológico personas tan "comprometidas" con la defensa del Medio Ambiente como esta peletera coruñesa y tantos otros dedicados a un negocio similar, cuyo prestigio y fortuna están basados en tener a su servicio a seres vivos utilizados como esclavos, sometidos a una existencia angustiosa, a un trato despiadado y a una exterminación feroz para sobre sus cadáveres despellejados, crear un pequeño imperio basado en el dolor insufrible de quien no puede más que chillar pero cuyas súplicas siguen sin llegar a los oídos de la gente ni a la sensibilidad de nuestros legisladores, entre otras razones porque los que están detrás de esta industria sangrienta, se encargan de que esa realidad espantosa no salga a la luz temerosos de perder los inmensos beneficios que les genera su sanguinaria actividad, por otra parte perfectamente prescindible puesto que existen alternativas válidas para ella.

No puedo ni debo defender algo que no es legal, pero sé que llegará el día en el que ese horror dejará de permitirse y sólo a partir de entonces, seremos muchos los que podremos decir que aquellas personas que hasta entonces se arriesgaban a ser tratados como criminales por liberar a los animales de una vida terrible y por intentar acabar con un negocio que, nos recuerda hasta qué punto el hombre puede llegar a ser sádico y brutal por su propio interés, eran seres admirables que no dudaban en exponerse por ayudar a los más débiles y maltratados, cuyos derechos parecen no existir en un mundo en el que el ser humano se cree dueño y señor de cuanto le rodea. Hasta entonces, hasta que podamos expresar esos sentimientos, nos limitaremos a informar a todo el que quiera escuchar de esta realidad pavorosa y a explicar que para vestirse, no es necesario despellejar criaturas, porque existen prendas sintéticas que cumplen la misma función, que imitan esos tejidos para aquellos que los encuentren atractivos y que no obligan a sacrificar docenas de vidas para crear un único abrigo. Mientras algunos muestran a la sociedad cuerpos esculturales cubiertos por pieles, nosotros seguiremos enseñando las fotografías donde se contempla a los legítimos dueños de esa piel encerrados en pequeñas jaulas y en las que se les ve una vez que les ha sido arrancada. Quien quiera reflexionar sobre lo que está pasando tiene pruebas suficientes para hacerlo y tomar una determinación, quien por interés o por indiferencia prefiera permanecer ciego a esta atrocidad está también, como no, en su derecho de consentirla.

Esta terrible secuencia de imágenes que se muestra a continuación, es el despellejamiento de un animal que continuaba consciente después de que se le hubiese arrancado toda la piel.
Quién las vea, ¿podrá volver a ponerse un abrigo de piel sin recordar la mirada, todavía con vida, de esta pobre criatura en la última fotografía?