MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL


¡ ADVERTENCIA!

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ESTA PÁGINA CONTIENE IMÁGENES MUY DURAS Y TEXTO QUE POR SU CRUDEZA, PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE Y HERIR LA SENSIBILIDAD. TANTO LAS FOTOGRAFÍAS COMO LO QUE SE HA ESCRITO NO HACE MÁS QUE MOSTRAR UNA REALIDAD BRUTAL, PERO SI CONSIDERA QUE PUEDE VERSE AFECTADO AL CONTEMPLAR LO QUE AQUÍ SE EXPONE, NO SIGA ADELANTE.



Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



domingo 29 de enero de 2012

La aberración es la tauromaquia, no su abolición

¿Por qué es la víctima, siempre privada de voz y derechos, la que por boca de otros ha de rogar que no le asesinen y no es a su ejecutor a quien se le detiene la mano letal que le arrancará la vida lenta y brutalmente? ¿Por qué es aquel que abomina del crimen el que ha de luchar por abolir su licitud mientras el sayón disfruta del beneplácito del sistema? ¿Por qué es la violencia la norma establecida y la justicia una quimera tan difícil de alcanzar?

¿Por qué os torturan y morís en la arena y en las calles, toros de esta España tenebrosa y sanguinaria, bajo los aplausos de los verdugos, de la horda que se deleita con vuestra agonía y de la administración que procura permisos y dineros para que se cumpla la condena que os fue impuesta apelando a la tradición, al negocio, a la diversión… Dejadme que lo llame por su nombre y diga más bien que rebuscaron los motivos en la perversión.

Traspasa el límite entre la razón y la aberración, posando su manoletina ensangrentada de lleno en la segunda, el hecho de que la ley defienda las conductas violentas y sean quienes exigen su erradicación, los que casi siempre se encuentren estampados en sus rostros silencios y negativas que perpetúan la crueldad institucionalizada. ¿Qué sociedad inconmovible y qué calaña de gobernantes, pueden dar por bueno el martirio de un ser vivo y servirlo incluso como alimento para las mentes infantiles?

Libertad, me diréis. ¿Libertad para atormentar y asesinar? ¿Es eso lo que demandáis? Tal y como la entendéis es el privilegio que todos los tiranos se arrogan para someter a los indefensos amparados por los dictados de leguleyos sin escrúpulos ni ética. Observaos las manos, los ojos, la boca: las tenéis empapadas en dolor ajeno. Cada vez que habláis de libertad las palabras surgen salpicadas de rojo, mientras en vuestra mirada una criatura intenta respirar pero con sus pulmones atravesados por el acero sólo es capaz regurgitar sangre con sabor a final. ¿Para tal crueldad exigís el derecho de elegir? Sin embargo, mayor pavor que tales filias enfermizas por el padecimiento de un ser vivo, me causa la indiferencia de quienes sin compartirlas os dejan hacer.

Sí España, a veces me estremezco al poner el pie sobre ti, porque tu tierra tiene especial querencia por las ejecuciones públicas y entre modernidad, progreso y europeísmo, atesoras hoy cadáveres de inocentes habidos bajo los mismos motivos que los de tantos como fueron ultimados con saña y vesania en tu historia más sombría. Eres el presente con los muertos del pasado, eres el pasado con los muertos del presente.


viernes 20 de enero de 2012

Juan José Padilla regresa... a matar

Juan José Padilla, hoy anuncias que volverás a matar toros en los ruedos, de hecho explicas que ya lo has hecho en las últimas semanas durante tu "entrenamiento". Como quien desvela que regresará a campos de guerra y miseria para procurar alivio a los seres que los habitan, hablas de superación, responsabilidad e ilusión. Añades incluso los términos responsabilidad y gloria como si tu destino fuese ineluctable y esperases honores empíreos por tus actos. Y puede que así sea para algunos, pero otros, matador, sólo sentimos desagrado y vergüenza ante tu retorno a las plazas.


Tus manos no restañan heridas sino que las abren. Lejos de infundir sosiego tu presencia arrastra la ominosa estela de la sangre derramada, el sufrimiento y la muerte de criaturas con plena capacidad para el padecimiento físico y psíquico. No encabezas un grupo de hombres dispuestos a proporcionar consuelo a quienes atenaza la angustia, pero sí lideras una cuadrilla ejercitada, como tú, para provocársela a las víctimas que una legislación aberrante os proporciona para que las torturéis hasta la muerte. ¿Gloria, decías? Explícame qué nobleza hay en ser paladín, propagandista y ejecutor de la violencia, qué dignidad en dedicar la propia vida a destruir brutalmente otras.





Revelas orgulloso en qué arena reaparecerás después la cogida. Una cornada de la que no me alegro porque ni para los verdugos encuentro satisfacción en el dolor, me bastaría con que a nadie le estuviese consentida la faceta de sayón. Y un terrible empitonamiento que compruebo que aun arrancándote nervios y huesos no pudo devolverte aquello de lo sin duda carecías: la empatía con el dolor ajeno y la ética de no encontrar placer, arrogancia ni negocio en la agonía de un animal.


Regresa y sube a tu olimpo miserable desde el que esperas obtener el reconocimiento y la fascinación por lo que entiendes como una exhibición de dignidad y valentía. Hazlo creyendo que brillarás con la luz de los héroes y que cada toro que mates acrecentará ese esplendor. En el fondo, torero Padilla, vuelves a descender a una fosa lóbrega y maloliente en la que los cadáveres que amontonas y pisas son los que verdaderamente irradian la ternura, la compasión y la memoria que emana que cada inocente asesinado. Porque tú, "Ciclón de Jerez", continuarás siendo una sombra negra que al moverse levantará sobre el acero ensangrentado vientos cuyos sonidos nos hablarán de cobardía, saña y abyección. Tu resurgimiento olerá a miedo y muerte, como siempre ha sido y será en la tauromaquia, en tanto en cuanto la razón y la honradez no se impongan definitivamente sobre las espurias justificaciones de un crimen que cada vez deja indiferente a menos seres humanos.

miércoles 4 de enero de 2012

Comparaciones que duelen

Cuando las víctimas pierden la memoria

No os demandamos amor, pues sin rechazarlo tenemos el de los nuestros y es suficiente para procurarnos la felicidad tal y como nosotros la entendemos. Pero es tan frágil esa alegría cuando los hombres rondáis por las cercanías... Seguramente recordaréis aquellos vagones repletos que, hace apenas setenta años, comandados por seres humanos como vosotros, separaron al final de su trayecto y para siempre a tantas familias, justo al detenerse en estaciones donde la sangre y la ausencia dibujaban las palabras tortura y muerte en sus andenes. Sois animales de otra especie y acaso a veces no acertéis a entender cómo son nuestro miedo y nuestro dolor, por eso os ponemos tan terrible ejemplo, para que os sea más fácil comprender que si el habla nos separa y esa diferencia nos condena, el sufrimiento nos equipara y sin embargo parece no ser razón suficiente para que dejéis de matarnos.

Eran trenes que conducían al alejamiento, a las vejaciones, al hacinamiento, a la experimentación, a la esclavitud, al sometimiento, al padecimiento físico y psíquico y al exterminio. Reflexionad y comparad: ¿podéis jurar que todos esos crimenes ya se terminaron para siempre? No, no lo han hecho. Entrad en una granja de carne para consumo o en una de pieles, hacedlo en un matadero o en una plaza de toros, visitad una perrera, la vega tordesillana o las calles de Medinaceli, comprad una entrada para un zoológico o un circo con animales, traspasad las puertas de un laboratorio de experimentación y vivisección, acudid a una jornada de caza, echad un vistazo a los contenedores de basura, los arcenes, los pozos, los ríos, los vertederos y hasta los árboles, y contemplaréis cadáveres descuartizados, electrocutados, desollados, apaleados, quemados, asfixiados, acribillados, envenenados, ahorcados... Transitad por tantas y tantas vías como existen y al final de su recorrido, allí donde mueren los railes, estaremos nosotros, recreando una y otra vez la misma historia de la que hoy abomináis sin pensar que para sus asesinos aquellos seres humanos tampoco eran más que criaturas inferiores, simple "ganado".

El amor que nos dáis nos gusta, nos reconforta y en la medida que nuestra naturaleza lo permite os lo devolvemos aunque en ocasiones os cueste percibirlo. Pero no pretendemos ocupar siempre en vuestros corazones un rincón especial, nos basta con el respeto. Idéntico respeto al que demostráis a todos y a todo aquello que sin amarlo no lo dañáis. Y si esa conciencia racional de la que tanto presumís y que os sirve para declarar vuestra absoluta superioridad no es suficiente para inculcaros tan básico principio de ética, entonces, mostrad al menos el coraje de mirarnos a los ojos mientras nos robáis la vida. Tal vez nuestra mirada inocente y aterrada os recuerde a la de aquellos niños, ancianos, mujeres y hombres asesinados en nombre de otro "ismo". Un ayer semejante al hoy. Ellos, tal como nosotros. Y vosotros, igual que... Que cada uno termine esa frase.

viernes 30 de diciembre de 2011

A falta de afición, toros para niños

Os duele, ¿verdad? Vuestro ego blande acero y lo ensarta en carne ajena, pero sangráis rabia al sentir cómo la ética os roza la piel. Sí, dentro de ese traje de luces que os comprime la sensibilidad, la sinceridad, el respeto y a veces parece que hasta la inteligencia, no queda espacio para entender y aceptar que la violencia, siendo un hecho, jamás puede elevarse a la categoría de tradición perdurable y, mucho menos, buscar el modo de imbuirla en las mentes infantiles para asegurarse, cual caramelos con droga repartidos a la puerta de un colegio, que el negocio continuará. Claro que os molesta y mucho, adalides de la tauromaquia, así se explica la estrategia dirigida a los niños que venís desarrollando desde hace tiempo para llenar las gradas de unas plazas cada vez más vacías, y que sólo el dinero público impide que se conviertan en espacios dedicados a la música, al teatro, al deporte... A lo que sea, pero jamás al espectáculo de la tortura y la muerte de un ser vivo.

El creciente número de ayuntamientos donde ya no se pueden celebrar corridas os turba, la ILP de Catalunya fue un hecho histórico que os mortifica y ahora, gracias a la presión de Galicia Mellor sen Touradas, el que en esta Comunidad se prohiba la entrada de menores de doce años a los ruedos es como una puntilla que se os antoja insoportable a los que tan acostumbrados estáis a hundirla en el cuello de otros seres.

Hay muchas formas de violencia directa en nuestra sociedad. Algunas legales, otras ilícitas, y en casi todas se intenta evitar que los niños sean testigos de las mismas por los efectos que puede tener sobre unos seres especialmente vulnerables y dúctiles, cuyos comportamientos quedan fácilmente determinados por los modelos de conducta que observen. Pero está claro que no os importan las víctimas de vuestra "Fiesta"-.

Por eso, mientras tanto, vosotros seguís mezclando en los foros insultos con alusiones a la libertad y al menoscabo – valiente cinismo – de los derechos infantiles. Creando páginas de "Toros para niños", comics o dibujos animados; organizando para ellos concursos y dándoles regalos con motivos taurinos, capotes incluidos; manteniendo escuelas de toreros como la de Guadalajara, donde menores de edad, alejados muchos meses de sus padres, han aparecido con fracturas de mandíbula o clavícula; presentando iniciativas para convertir la tauromaquia en asignatura transversal en las escuelas... Toda esa parafernalia perversa no resta sin embargo ni un mínimo de indignidad al trasfondo del asunto sino que se la añade, por cuanto de engaño comporta al edulcorar e intentar hacer atractiva la forma de un fondo que alimenta comportamientos violentos, y predispone a los futuros adultos a considerar que los animales siendo seres vivos, están supeditados al arbitrio humano para quedar reducidos a herramientas, tramoya o materia prima.

En fin, que transitáis de aberración en aberración para lograr un imposible: que la crueldad resulte un espectáculo apetecible. Muy pocos hijos de otros querrán coger el testigo de vuestras espadas sangrientas, ahora falta saber si los vuestros no se avergonzarán mañana de que sus padres defendiesen la violencia.

miércoles 28 de diciembre de 2011

La tauromaquia y sus tópicos

Hace tiempo a Rosa Díez, sí, la de UpyD, taurófila confesa, le cayó “la del pulpo” por utilizar en un alarde de ingenio chabacano la gracieta de llamar “gallego” a quien pretendía calificar de “tonto”. Y yo, “zoquete” de nacimiento, me siento muy satisfecho ante la reacción de repulsa provocada por su grosera agudeza no sólo en mi tierra, sino también en otras Comunidades, como en Cataluña, la de los “separatistas” en el sentido más peyorativo del término, los que abolieron la tauromaquia no porque les duela el maltrato institucionalizado a un animal, sino, según los taurinos, por afanes independentistas.

Y puestos a seguir con tópicos que inundan esta España, todavía subtitulada en algunas conciencias con guiones del NODO, he de admitir que a mí, nacido y criado a muchos kilómetros de Andalucía, me “vendieron” la imagen de esas tierras del sur, como aquellas donde habitan un buen número de vagos chistosos y marrulleros que viven por y para ir a los toros. Quien tenga dudas sobre la afirmación que consulte con el hijo de la Duquesa de Alba.

Lo cierto es que durante años me lo creí. Yo, el gallego con fama de paleto y de roñoso, supongo que también pensaba que los madrileños eran chulos, los extremeños pordioseros, los asturianos desaseados, los catalanes tacaños, los vascos brutos y los valencianos antipáticos. Pero dejó de ser así en cuanto fui capaz de sacudirme la ignorancia que me hizo admitir como reales lo que no eran más que falacias, el producto de un analfabetismo convertido en instrumento al servicio de un sistema al que aterra que los ciudadanos sean capaces de analizar y de discernir por si mismos.

¿De verdad son casi todos los andaluces taurinos? ¿Es una Comunidad en la que la mayor parte de sus habitantes encuentran arte, cultura y diversión en la tortura de un toro? ¿Es, en definitiva, el malagueño o el gaditano un ser que disfruta con la agonía de otro? ¿Le estimula los sentidos al cordobés o al onubense contemplar cómo se hunde el acero en el cuerpo del animal? ¿Aplauden los almerienses o los granadinos ante la visión de un toro vomitando sangre? ¿Está de acuerdo el jiennense o el sevillano en que se destinen partidas millonarias de dinero público para sufragar un espectáculo de por si deficitario? No, ahora que ya no me creo que el andaluz sea indolente o tramposo, tampoco me trago esas otras patrañas.

Y vayamos con otro aspecto de este mismo tema, con lo que constituye un despropósito examinado desde la razón pero un argumento en manos de los partidarios de la continuidad de las corridas: el culto a la persona y su modelo, cuando les conviene, como patrón de conducta trasladable a toda la Sociedad. ¿Cuántas veces no hemos oído aquello de que Goya o Picasso eran taurinos?, utilizando esos nombres universales para intentar vestir de dignidad la ignominía por la supuesta creencia de que tales personajes eran grandes aficionados a la tauromaquia.

Digo supuesta porque si bien Picasso efectivamente gustaba de la lidia Goya la aborrecía, y este hecho ha sido incluso admitido por taurófilos declarados, en esos arranques de sinceridad que muestran cuando no necesitan recurrir al embuste para convencer. Son instantes en los que hablan entre pares y por lo tanto el engaño está fuera de lugar. Los mismos momentos en los que reconocen que a estos animales se les afeita o menoscaba físicamente antes de salir a la plaza para así garantizar la superioridad del matador, ese cuyo nombre le viene pintiparado, pues por mucho que nos cuenten que es una lucha “de igual a igual”, nadie podría concebir ese sustantivo que conlleva la certidumbre de acabar con la vida de otro aplicado al toro, pero a ninguno nos sorprende en el torero.

Ambos pintores compartían esa fascinación por cuestiones ligadas a la brutalidad, al ensañamiento y a la vileza del hombre. Los fantasmas más tenebrosos que habitan en la mente humana se manifestaron en sus lienzos. Así, otorgaron color y sombras a la tauromaquia como lo hicieron a la guerra, a las ejecuciones o a la antropofagia. ¿Habremos de deducir, por ello, que sentían dilectación por los cuerpos desmembrados tras una explosión, frente al gesto de terror de un prisionero ante un pelotón de fusilamiento o contemplando los trozos sanguinolentos de carne humana desgarrada en las encías de otro hombre? No creo que nadie se atreva a afirmar tal cosa y aún con Picasso seamos cautelosos, pues suya es la frase en la que refiriéndose al Guernica afirmo que “El toro no representa el fascismo, sino la crueldad”.

No juguemos a la divinización de los seres humanos, ni por apoyar nuestras tesis ni por rebatirlas. Por cada nombre de personajes ilustres en alguna disciplina que hallaron placer en el sufrimiento de un toro podemos mencionar otro al que le causaba repulsión. ¿Merece mayor veneración el pensamiento de Picasso, el de Ortega o el de Hemingway, quien por cierto participó también de actividades ligadas al gangsterismo en Chicago, que el de Unamuno, Gandhi, Nelson Mandela, Gregorio Marañón o Ramón y Cajal? Voy más allá: por el hecho de haber destacado en la pintura, la literatura o la filosofía, ¿son estos virtuosos en su materia moralmente superiores a los ciudadanos Manolita García o Pepito Pérez?.

Torturar a un animal es un acto execrable y digno de ser erradicado. Intentar presentar engañosamente a una Comunidad como valedora en masa de tal perversidad es mezquino, y hacer creer que hay individuos dotados de perfección y sabiduría absolutas en todas las facetas de su vida, es alentar la ignorancia y la servidumbre ética. Es llamarnos idiotas.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Tauromaquia: razones frente a cinismo


Artículo redactado en colaboración con Rafael Ávila Bayón.




Ser torturado, ¿un acontecimiento "secundario" para la víctima?


Cada vez que alguien pronuncia la frase "No soy aficionado a los toros" seguida de un "pero" me echo a temblar pues no falla: esa declaración de intenciones inicial suele representar un subirse al peldaño de la ética para posteriormente precipitarse con ella a un pozo de indignidad pretendiendo que no se note tanto.¿Cómo vamos a dudar de la objetividad de quien ampara aquello que no le gusta, verdad? Lástima que de tan empleada la estrategia ya haya perdido su efectividad, aunque algunos insisten y es que no tienen mucho más de lo que echar mano. Me recuerda en gran medida al tan manido: "Yo no soy racista, pero que negros, moros y rumanos se queden en su casa, que primero somos los españoles, ¿a qué vienen aquí?" Y claro, antes, después y en todo momento somos los seres humanos, ¿no?, como si no debiese ser y de hecho lo es totalmente compatible el respeto y convivencia entre especies, como si de la celebración de espectáculos violentos con animales dependiese la supervivencia moral y física del hombre. En definitiva, como si las opciones fuesen matar o morir.

El último ejemplo lo tenemos en un texto titulado "Bravura", que ha sido publicado en el suplemento dominical de un diario asturiano el día 18 y firmado por un tal Ramón Hernández, cualificado Presidente de una Peña Taurina. No es el único, sólo uno de los más recientes y si cabe un poquito más cínico que lo van en su misma línea, ya que el autor afirma que él puede abordar el tema con un rigor del que carecen los abolicionistas, cuyas alegaciones, dice, no tienen consistencia. Así que para este hombre coherencia y razón es afirmar, por ejemplo, que "la bravura del toro se impone al dolor de sus carnes", o que "el que una espada le destroce las entrañas es para él un acontecimiento menor, secundario", y en el paroxismo de sus elucubraciones y ya refiriéndose a nuestra especie indica que "morir en el fragor de la batalla no es doloroso ni para el enardecido guerrero que cae atravesado por una espada enemiga". Imagino que este individuo jamás ha observado las imágenes de heridos de guerra, que nunca ha escuchado sus gritos de dolor ni contemplado la angustiosa mueca de sus rostros. Hay dos clases de tontos: los que lo son y aquellos que se lo hacen, así que aún sabiendo que no se apeará de su idiocia escogida porque no hay mayor osadía que la del necio o la del hipócrita, a este hombre le vendría pero que muy bien leer los trabajos al respecto del veterinario Don José Enrique Zaldivar Laguía, dotados de la solidez científica y desprovistos de la memez testicular de este neurólogo de burladero le falta y le sobra.

Añade que "ojalá la naturaleza tratase con tanta benevolencia a los seres humanos con cuya vida y muerte se encarniza". Sí, claro que hay algunas tragedias humanas más prolongadas y dolorosas que esos minutos del toro en la arena que, según él, no constituyen una tortura. ¿Y?, ¿es que acáso mide el hombre la crueldad de sus actos en función de la demostrada por el azar, dando por buenos aquellos en los que se queda un nivel por debajo de los más brutales venidos de la mano del destino? Algunos pensamos que nuestra capacidad intelectual debe servirnos para distinguir el bien del mal y lo evitable de lo ineludible. El autor de "Bravura" al parecer no es de esa opinión.

Nos cuenta que los que participan directamente en la lidia del toro y los espectadores puede que no sean conscientes del sufrimiento del animal, y que en todo caso "en sus mentes no prima en absoluto lo doloroso atentos como están a la liturgia laica". Ole por este hombre: acaba de meter en su mismo saco de ignorancia a toreros, banderilleros, picadores y aficionados al indicar que el padecimiento físico del astado es un concepto que a todos ellos se les escapa, no por desprecio al mismo sino por desconocimiento. En cuanto a que no van principalmente a disfrutar de su agonía estoy de acuerdo, pero tampoco lo hacen de la del reo condenado a la pena capital la mayoría de los que observan entusiasmados su ejecución, y sea por venganza o por creencia en las virtudes de la pena de muerte el resultado es idéntico: que la violencia con animales y humanos, tan relacionadas entre sí, siguen encontrando vehementes defensores, unos sujetos que para que no haya interpretaciones retorcidas, siempre dejan muy claro su pleno respeto a toda forma de vida y el inmenso valor que le conceden a los derechos universales y a la libertad. Entre "bravura animal" y "valentía humana" sin duda me pongo del lado del miedo y del sufrimiento de una víctima que es obligada a entrar en la arena, antes que hacerlo de la estulticia de quienes elevan la tortura, sí, tortura, de un ser vivo a acto litúrgico imprescindible y virtuoso.

miércoles 14 de diciembre de 2011

Un coto de caza llamado España

    Bienvenidos al "Pim, pam, pum" nacional. Pasen, carguen, apunten y maten señoras y señores. Tenemos vidas a precio de saldo. Ustedes ponen las armas y la administración les otorga el beneplácito para apretar el gatillo. De proporcionar las víctimas se encarga la naturaleza, un entorno que hemos transformado a golpe de ley en caseta de feria y donde los premios son peluches de piel, carne y hueso. Disparen a mansalva y sin miedo que los animales están para eso: negocio y diversión humanas. En su caso, tratándose de un puro entretenimiento, nos ocuparemos de cubrir el rojo de la sangre que derraman esos monigotes al ser alcanzados, con el verde implícito en términos como conservacionismo, ecologísmo o sostenibilidad, tan de moda y tán rentables hoy en día, que ya se sabe que es más útil parecer honrado que serlo.
La Junta de Castilla y León autoriza la caza de corzas durante la época en la que están preñadas o amamantando a sus corcinos. Por supuesto que, abatida la madre, la cría queda condenada al desamparo, la agonía y la muerte. "Descaste de hembras" lo denominan oficialmente estos tecnócratas, unos burócratas en los que no se sabe si la perversión nace de la ignorancia o es al reves; una medida adoptada según ellos para controlar la población, y aunque los sabemos hábiles en el empleo de eufemismos nos restan ojos y conciencia suficientes como para entender que la expresión adecuada, la sincera, sería degollina de hembras y camadas.

El mismo organismo y suponemos que idénticos funcionarios y políticos permiten que se maten los llamados "híbridos", esto es, el resultado del cruce entre un perro y una loba. No están solos en la decisión, otras comunidades como Galicia secundan la iniciativa. Dicen que es para preservar a los lobos, pero por otra parte catalogan a éstos como especie cinegética al norte del Duero y en ocasiones al sur, estableciendo un cupo para que sean abatidos a tiros. Esta vez, afirman, se rigen por un criterio de aprovechamiento sostenible.

El Parlament de Catalunya aprueba un decreto que da el visto bueno para la captura, en vivo puntualizan, de 60.000 pajaritos fringílidos que estaban hasta ahora protegidos. Hablamos de gorriones, verderones, pardillos, pinzones, etc. ¿Se imaginan cuántos de ellos se quedarán tiesos como lo que son, pajarillos, durante ese proceso? El decreto indica que se trata de una modificación en la ley de protección de animales.

Son cuatro ejemplos de nuevas normativas que, para mayor gozo de los cazadores, amplían el elenco de vidas destrozadas por este pasatiempo cruel. Cuatro disposiciones responsables de miles de muertes directas y de no pocas indirectas: las de aquellas criaturas que quedarán desvalidas por falta de madre y las de una estadística siempre en aumento: los seres humanos heridos y fallecidos por los numerosos "accidentes" habidos en la actividad cinegética.

No está de más analizar las expresiones que los acompañan: control, preservación, aprovechamiento, sostenibilidad, protección. Díganme, ¿alguien que sólo escuchase esos términos sin saber más del asunto podría presuponer algo negativo en las disposiciones aprobadas?, ¿y quien contemplase el miedo, la huida angustiosa, el dolor, las oquedades dejadas por los cartuchos en los cuerpos, las hemorragias, los llantos, gemidos y aullidos de sufrimiento de los animales, sus cadáveres inmóviles y ensangrentados, y a las crías aterrorizadas y desvalidas a su lado, sería capaz de oírlos sin sentir arcadas? La hipocresía y el cinismo son actitudes censurables, pero cuando parten de políticos y cuestan vidas deberían de convertirse en conductas condenables, moral y penalmente.

Hay estados en los que la caza está prohibida. Los Países Bajos y Nueva Zelanda son dos de ellos. No sé ustedes, pero yo no recuerdo haber visto en los periódicos que una bandada de estorninos haya arrasado un barrio de Auckland vaciando a picotazos las cuencas oculares de sus habitantes, ni que miles de zorros rojos tomen las calles de La Haya enseñando el colmillo. ¿Qué ocurre?, ¿que en España los animales padecen algún tipo de idiocia que les impide autorregularse tal y como lo hacen donde está prohibido matarlos?, ¿o acaso los nuestros son más letales por sus ataques continuos y feroces a miembros nuestra especie? No, es una cuestión de respeto y progreso: el que ellos manifiestan y nosotros no. Mientras Holanda marca la tendencia mundial en el fin de la experimentación con animales, aquí se va a inaugurar, con los presupuestos, faltaría más, otro centro en Lugo que estará destinado a tan terrible e innecesario menester. Es sólo una muestra que no tiene que ver con la actividad cinegética en la forma, pero sí en el fondo, ese fondo en el que nuestros gobernantes chapotean entre el primitivismo, la ambición, la crueldad y el especismo. Ese fondo de maltrato y desprecio hacia los animales en España.

En el caso de la caza, lo que hay detrás de estas aberraciones y otras similares es la presión de un sector que ostentan un gran poder económico y decisorio. Federaciones cinegéticas ávidas del dinero público que reciben o un buen número de escopetas insignes en nuestro País, determinan algunas de las razones de la permisividad y facilidad para la comisión de estos crímenes legales. Pero qué vamos a esperar de una nación en la que al Rey cazador se le construye, pagadita por todos, claro, una silla especial para que se desfogue a tiros con seres vivos, tiros lanzados con armas provinientes algunas de ellas de una fábrica en Italia, donde se hacen a mano y cuya exigüa producción, unas treinta al año, hace que cada unidad cueste entre 130.000 y 200.00 euros. Que ni el recuerdo de su hermano Alfonso le quite las ganas de manejar armas de fuego dice mucho de la ética del escopetero, y que el escopetero sea Monarca, explica en buena medida porque España es un inmenso coto de caza en el que cada vez es más fácil matar. ¡Ay Berlanga!

miércoles 7 de diciembre de 2011

Albert Boadella que estás en los ruedos...

Hay un hombrecillo que a pesar de vanagloriarse de su enfrentamiento con la Iglesia Católica se cree Dios, esto es: asume el papel de aquel que representa la esencia de lo que tanto critica. ¿Quién sabe si su inquina tiene su origen en una especie de envidia patológica por no ser su rostro el representado en el Pantocrátor? El caso es que él otorga o niega derechos. Derecho a la vida digo, o a no padecer tortura a manos de otras criaturas, por lo tanto me refiero cuestiones vitales que dicho sujeto interpreta a la usanza del Antiguo Régimen, deviniendo en particular lo que sólo puede tener la categoría de universal.

Pero es que este hermenéuta involucionista, además de Juez al estilo del Evangelio según San Mateo, es también parte, porque no sólo defiende la plena potestad de unos seres para martirizar y matar a otros, sino que se subyuga con la angustia de las víctimas y lo declara sin el menor rubor. Algo que ciertamente no causa asombro, pues para algo su verbo, entiende él, adquiere el valor de la "Palabra" descrita por los Tesalonicenses.

Es un individuo que tiene voz aunque carece de razones como no sean las de un sofista, sobre todo porque desde su deífico trono imaginario piensa que no las necesita para... Iba a decir convencer, pero no, él no busca persuadir sino dogmatizar, pretensión común en los endiosados. Escoge el insulto y la afirmación categórica en lugar del argumento, y eso que curiosamente declara ser él el blanco de las ofensas, pero he aquí que a los que disienten de su discurso les llama "gilipollas". Eso sí, como a todos los grandes adalides del sometimiento ajeno, se le llena la bocaza con la palabra libertad para amparar la suya en detrimento de la de otros. Y no es que esos otros le hayan hecho algo ni a él ni a nadie para recibir un castigo, no, simplemente se cree libre para deleitarse con su sufrimiento y su muerte. ¿El motivo?: se lo pasa bien y los damnificados son los del primer párrafo, esos a los que les niega los derechos. De ese modo se cierra el círculo en el que él decide la suerte desde arriba y contempla el proceso apoyado en el perímetro, mientras el torturado se desangra y expira en el centro de la circunferencia.

Esta virulenta divinidad de pellejo y carne se llama Albert Boadella. Los convictos de su ferocidad y egocentrismo son los toros. Los gilipollas somos todos los que pedimos la abolición de las corridas. Y ahora, viendo que su gesto a puerta gayola del movimiento animalista le ha valido los titulares que probablemente tanto necesita - ¿por qué me recordará mucho a Sánchez Dragó? -, añade que se ha quedado corto al dedicarnos ese epíteto. Bueno, considero que ser calificado de bobochorra por quien se deslizó desde un supuesto izquierdismo revolucionario al más rancio reaccionarismo, por quien asegura que los que exigen el fin de una tradición violenta son sañudos y fanáticos, y por el que sostiene que es una idiotez reclamar derechos para los animales, lejos de ser un agravio constituye un halago.

Y a quien intente refutar el abolicionismo devolviendo reflexiones al estilo de "y tú más", decirle que el movimiento que aboga por el fin de la lidia ha conseguido desmontar todas y cada una de las mentiras taurinas, rebatir con cordura las justificaciones formales y enfrentar racionalidad y sensibilidad a la sinrazón de quienes se sienten cautivados por un espectáculo encarnizado, sanguinario y absurdo. La derogación de la violencia como muestra de cultura, arte, pasatiempo o negocio no es un decreto arbitrario y absolutista, sino un paso irrenunciable para sacar un pie del charco del primitivismo y asentar ambos en la justicia, fuera al fin de esa atmósfera de tinieblas donde la humanidad no alcanza a palpar las luces de la razón pero sí a hundir el acero en el cuerpo de seres vivos.

Albert Boadella que estás en los ruedos... Tú afirmas que "no existe en el mundo occidental ninguna ceremonia capaz de conmover y elevar con semejante fuerza al ser humano como el ritual taurino". La muerte de gladiadores ejercia seducción sobre Calígula, Ivan el Terrible se regocijaba torturando y arrojando perros desde torres, la Condesa Isabel Báthory gozaba secuestrando, torturando y bebiendo la sangre de las jóvenes a las que asesinaba, la Reina de Madagascar Ranavalona I mató a más de diez mil prisioneros en una semana de festejos porque le entretenía... En fin, que unas y otros pasaron a la historia por criminales. Tú te quedarás en el olvido de los tontolabas. No te comparo con ellos, sólo digo que pasión y perversión pueden solaparse en un mismo cerebro.

Y ahora corre, di que yo me arrastro por las injurias mientras tú asciendes al Olimpo de la sensibilidad por hallar sublimidad, inteligencia y coraje donde yo no encuentro más que sadismo, ignorancia, egoísmo y cobardía. Perdón, yo y cientos de miles de gilipollas más.

domingo 4 de diciembre de 2011

La violencia, algo más que una estadística incompleta

Cómo expresar la violencia con el verbo, cómo reflejar tragedias con seres vivos en un papel inanimado. No hay negro sobre blanco que pueda trasladar el rojo derramado y empapando el suelo de un dormitorio, el gris de una calle o la arena de una plaza. No existe vocabulario para describir con exactitud la certeza de la propia muerte súbita, inmediata y brutal mordiendo las entrañas, comprimiendo el cerebro con preguntas y negaciones, colapsando la garganta con gritos estériles que se hacen añicos contra la soledad de la víctima frente a su asesino. Gritos que devuelven un eco de estertores agónicos.

No, por mucha genialidad literaria que se posea, nunca se podrá transmitir con absoluto realismo la cobardía del verdugo, su acerba mirada o la despiadada mueca de su rostro, ni tampoco el extremo pavor de la criatura que se derrumba bajo sus golpes. Siendo así, ¿qué es lo que nos queda frente a esos crímenes? Al fin palabras, sólo palabras. Las de furia y asco para desquitarnos vomitando nuestra rabia ante lo que no admitiendo satisfacciones, es apenas un desahogo taciturno y escaso, porque no hay resarcimiento posible frente a la vida arrancada. Las de recuerdo, como queriendo inútilmente restañar el drama consumado. Y esas otras palabras, las que sin cicatrizar jamás las heridas del pasado tal vez logren cerrar aquellas que todavía no se han abierto: las palabras que establecen protocolos de actuación y las que transcriben la ley.

Mujeres, niños, ancianos, indigentes, animales... Sí, no se asombren. Introduzco a los animales en la misma bolsa para cadáveres donde se trasladan los restos de los humanos caídos por la violencia. Ese saco desvencijado en el que la administración trata de ocultar tras una cremallera el fracaso más amargo y dramático de su gestión. No pido milagros, no soy un imbécil. Sé que es cierto que no siempre puede evitarse la comisión de un asesinato, pero sí es posible prevenir una buena parte y dejar de calificar como fatalidad a lo que merece otro nombre: negligencia. Para ello sólo es necesario asumir también como crímenes y reconocerlos como indicios de otros que se producirán, aquellos actos que revelan la violencia en una persona, contemplando tales episodios como delitos en sí mismos además de como señal de futuros comportamientos igualmente agresivos. Me refiero a la crueldad con seres de otras especies, una conducta que, al menos en nuestro País, no sólo no es castigada con privación efectiva de la libertad, sino que a menudo es lícita y apoyada ética y económicamente por los estamentos públicos. Y por supuesto, las autoridades políticas, ebrías como suelen estar de necedad y soberbia, hacen caso omiso de todos los informes que puestos frente a sus narices de sagaces estadistas, prueban de modo irrebatible la relación existente entre el maltrato animal y humano.

Es habitual que la conciencia lúcida y sensible de ciertos ciudadanos ocupe el indigno vacío dejado por la indiferencia, el egoísmo y la ignorancia de muchos de nuestros líderes, esos fatuos dirigentes que se proclaman garantes de la equidad y defensa universales, pero a los que entre las líneas de su altisonante discurso se les precipitan los cadáveres, unas veces por indolencia, otras por ineptitud y no pocas por desdén. No me atrevo a calificar como maldad tan graves errores y carencias por parte de la administración, pero cuando el resultado se contabiliza en víctimas mortales de actos humanos, las razones quedan veladas por lo sobrecogedor de las consecuencias.

Este asunto, cotidiano y espantoso como pocos, no es una excepción a la apatía oficial y al compromiso social. En su afán de contribuir a la lucha contra las terribles estadísticas de asesinados y maltratados por violencia de pareja, agresiones y abuso infantil, daños a mayores y crueldad con animales, se ha creado en España una Organización No Gubernamental llamada SECVI (Sociedad Española Contra la Violencia, www.secvi.org ). Formada por profesionales provenientes de diferentes ámbitos: juristas, criminólogos, educadores sociales, psicólogos o investigadores entre otros, pretende batallar con corazón y cerebro contra esas conductas violentas que, difundidas unas y silenciadas otras, llenan los ojos de lágrimas, el sentimiento de rabia y los anocheceres de ausencias. Y esta encomiable iniciativa tiene algo que la diferencia y engrandece por la valentía y sensatez que demuestra con ello: por primera vez se tiene en cuenta la irrefutable relación que se establece entre la criminalidad ejercida sobre personas y animales.

Es cierto que la presencia de SECVI no podrá evitar la existencia de miserables que acuchillen a mujeres, peguen a sus hijos, vejen a ancianos, destripen gatos o ahorquen perros, pero sí coadyuvará a la prevención de esas conductas, a su detección y a lograr una respuesta social más efectiva ante las mismas. Planes educativos, impulso de estudios, fomento de la coordinación en las actuaciones, trabajos de divulgación, asistencia jurídica, recuperación de las víctimas, reinserción de los agresores, aplicación de informes profesionales, programas de asistencia y formación humanitaria o reconocimiento de la violencia en todas sus facetas, son algunas de las líneas de actuación de esta Organización sin ánimo de lucro, cuyos objetivos la hacen merecedora de la infinita admiración que suscita un proyecto que sólo – y es tanto - busca hacer de esta sociedad un lugar en el que nuestras conciencias no se coagulen como la sangre de las víctimas que no quisimos o no supimos impedir, sea cual sea su especie.