Maltrato Animal: Un Crimen Legal
Esta página está creada con la intención de que en ella, tengan cabida tanto noticias como opiniones relacionadas con el maltrato animal en cualquiera de sus formas, así como para que se aporten ideas para acabar con prácticas tan terribles y servir de vehículo de divulgación de movilizaciones y convocatorias que pretendan denunciar lo que está ocurriendo para que la sociedad tome conciencia de lo injusto y absurdo de causar sufrimiento a los animales.
MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL
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"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel). Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall) Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega) |
domingo 29 de enero de 2012
La aberración es la tauromaquia, no su abolición
viernes 20 de enero de 2012
Juan José Padilla regresa... a matar
Tus manos no restañan heridas sino que las abren. Lejos de infundir sosiego tu presencia arrastra la ominosa estela de la sangre derramada, el sufrimiento y la muerte de criaturas con plena capacidad para el padecimiento físico y psíquico. No encabezas un grupo de hombres dispuestos a proporcionar consuelo a quienes atenaza la angustia, pero sí lideras una cuadrilla ejercitada, como tú, para provocársela a las víctimas que una legislación aberrante os proporciona para que las torturéis hasta la muerte. ¿Gloria, decías? Explícame qué nobleza hay en ser paladín, propagandista y ejecutor de la violencia, qué dignidad en dedicar la propia vida a destruir brutalmente otras.miércoles 4 de enero de 2012
Comparaciones que duelen
viernes 30 de diciembre de 2011
A falta de afición, toros para niños
miércoles 28 de diciembre de 2011
La tauromaquia y sus tópicos
miércoles 21 de diciembre de 2011
Tauromaquia: razones frente a cinismo

Artículo redactado en colaboración con Rafael Ávila Bayón.
Ser torturado, ¿un acontecimiento "secundario" para la víctima?
Cada vez que alguien pronuncia la frase "No soy aficionado a los toros" seguida de un "pero" me echo a temblar pues no falla: esa declaración de intenciones inicial suele representar un subirse al peldaño de la ética para posteriormente precipitarse con ella a un pozo de indignidad pretendiendo que no se note tanto.¿Cómo vamos a dudar de la objetividad de quien ampara aquello que no le gusta, verdad? Lástima que de tan empleada la estrategia ya haya perdido su efectividad, aunque algunos insisten y es que no tienen mucho más de lo que echar mano. Me recuerda en gran medida al tan manido: "Yo no soy racista, pero que negros, moros y rumanos se queden en su casa, que primero somos los españoles, ¿a qué vienen aquí?" Y claro, antes, después y en todo momento somos los seres humanos, ¿no?, como si no debiese ser y de hecho lo es totalmente compatible el respeto y convivencia entre especies, como si de la celebración de espectáculos violentos con animales dependiese la supervivencia moral y física del hombre. En definitiva, como si las opciones fuesen matar o morir.
miércoles 14 de diciembre de 2011
Un coto de caza llamado España


miércoles 7 de diciembre de 2011
Albert Boadella que estás en los ruedos...
Hay un hombrecillo que a pesar de vanagloriarse de su enfrentamiento con la Iglesia Católica se cree Dios, esto es: asume el papel de aquel que representa la esencia de lo que tanto critica. ¿Quién sabe si su inquina tiene su origen en una especie de envidia patológica por no ser su rostro el representado en el Pantocrátor? El caso es que él otorga o niega derechos. Derecho a la vida digo, o a no padecer tortura a manos de otras criaturas, por lo tanto me refiero cuestiones vitales que dicho sujeto interpreta a la usanza del Antiguo Régimen, deviniendo en particular lo que sólo puede tener la categoría de universal.domingo 4 de diciembre de 2011
La violencia, algo más que una estadística incompleta
Cómo expresar la violencia con el verbo, cómo reflejar tragedias con seres vivos en un papel inanimado. No hay negro sobre blanco que pueda trasladar el rojo derramado y empapando el suelo de un dormitorio, el gris de una calle o la arena de una plaza. No existe vocabulario para describir con exactitud la certeza de la propia muerte súbita, inmediata y brutal mordiendo las entrañas, comprimiendo el cerebro con preguntas y negaciones, colapsando la garganta con gritos estériles que se hacen añicos contra la soledad de la víctima frente a su asesino. Gritos que devuelven un eco de estertores agónicos.
No, por mucha genialidad literaria que se posea, nunca se podrá transmitir con absoluto realismo la cobardía del verdugo, su acerba mirada o la despiadada mueca de su rostro, ni tampoco el extremo pavor de la criatura que se derrumba bajo sus golpes. Siendo así, ¿qué es lo que nos queda frente a esos crímenes? Al fin palabras, sólo palabras. Las de furia y asco para desquitarnos vomitando nuestra rabia ante lo que no admitiendo satisfacciones, es apenas un desahogo taciturno y escaso, porque no hay resarcimiento posible frente a la vida arrancada. Las de recuerdo, como queriendo inútilmente restañar el drama consumado. Y esas otras palabras, las que sin cicatrizar jamás las heridas del pasado tal vez logren cerrar aquellas que todavía no se han abierto: las palabras que establecen protocolos de actuación y las que transcriben la ley.



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