MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



ESTA PÁGINA CONTIENE IMÁGENES MUY DURAS Y TEXTO QUE POR SU CRUDEZA, PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE Y HERIR LA SENSIBILIDAD. TANTO LAS FOTOGRAFÍAS COMO LO QUE SE HA ESCRITO NO HACE MÁS QUE MOSTRAR UNA REALIDAD BRUTAL, PERO SI CONSIDERA QUE PUEDE VERSE AFECTADO AL CONTEMPLAR LO QUE AQUÍ SE EXPONE, NO SIGA ADELANTE.

Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



lunes, 1 de agosto de 2016

¿Tú toreas? No, yo abraso gatitos



Y al dueño del Restaurante Las Delicias del Puerto de Alicante, ¿le podemos llamar por lo que es y describir por lo que ha hecho, o también tenemos que andarnos con pañitos calientes en este país donde la Administración recoge las multas por maltrato animal en forma de calderilla y
las subvenciones taurinas las entrega en tacos de billetes morados?, ¿en este país donde los eufemismos estudian derecho y tanatopraxia para que los criminales parezcan inocentes y los muertos vivos?
Este canalla, este miserable, este delincuente, este psicópata, este malnacido, decidió rociar con ácido a una camada de gatitos -presuntamente, voy a aňadir, que cínicos podemos ser todos-, así que llenó un cubo con un producto corrosivo y se lo echó por encima a esas criaturas, hay testigos. ¿Dónde estabas, karma, para que antes de llegar a ellas no hubiese dado un traspiés y metido la cabeza de lleno dentro de ese cubo?
Ácido, nos podemos imaginar (o no) el dolor que han sentido esos desdichados animales y que siguen sintiendo casi todos ellos. Sí, digo casi porque al menos que yo sepa ya ha muerto uno. Y claro, a esto tampoco lo podremos llamar tortura con intento de asesinato en el caso de los que sobreviven y tortura más asesinato consumado en el del que no superó sus heridas, ¿verdad? El ejecutor es humano y por lo tanto podría ser acusado de esas figuras delictivas pero como sus víctimas no lo son, pues nos tenemos que conformar con el término “maltrato” y con la coletilla de “animal”, o sea, una simple falta en el Código Penal, y si se me ocurriese llamar a ese ser despreciable torturador o asesino igual hasta me denunciaba, como hizo Juan Lado con el grupo musical Lyvon por considerar daňada su imagen cuando, tras matar a palos a su pastor alemán le dedicaron la canción de “Juan Lado Cagón”.
Y como ese, en la misma línea de abyección, el dueňo de Las Delicias del Puerto. Ahora me imagino a buena parte de los espaňoles horrorizados ante su acto, asqueados por su maldad y conmovidos al ver la imagen de esos gatitos despellejados. Con este ruin no hay tanto problema como con otros, esta vez no saldrá una Fundación del Gato de Abrasar para, como ha ocurrido con la Fundación del Toro de Lidia, denunciar a cuantos tengan la osadía de faltarle al respeto a este individuo, sólo su abogado hará lo que pueda pero sin lobby mediático detrás, y me pregunto cuál es la diferencia más allá de la legalidad y de la compasión selectiva de algunos ciudadanos frente a las atrocidades con animales.
¿Cuál es la diferencia del dolor provocado por ácido o puyas, banderillas, estoques, descabellos y puntillas, cuál entre el dolor y el miedo de uno u otro animal, cuál en la sangre que mana de sus heridas, más atroces todavía por dentro que por fuera en el caso del toro, cuál entre la cobardía, el sadismo y la violencia de quien comete el acto en las inmediaciones de un restaurante o en un ruedo? Ninguna, joder, no hay ninguna que no pase por una hipocresía mugrienta y por la pérdida de la ética para dejar espacio al propio interés aunque cueste vidas. Supongo que este hostelero sin escrúpulos lo hizo “por el bien” de su negocio, como ganaderos y empresarios taurinos o toreros y cuadrillas sin escrúpulos también lo hacen “por el bien” del suyo.
No hay diferencia, para mí y para muchos no la hay, y quien hace de la muerte su beneficio no está eximido de la criminalidad de su acción, legal o moral pero criminalidad al fin, aunque no se puede negar que su vileza es al menos coherente con su desprecio absoluto a otras vidas en aras de su provecho, ¿qué pasa sin embargo con muchos de los que brota la lagrimita o giran la cabeza ante la imagen de unas crías en carne viva?, que tal vez no habiendo interés no hay tampoco rabia, ni llanto, ni repulsión frente a la de un toro, ni siquiera a la de un novillito, con nervios y músculos seccionados, con hemorragias, con el pulmón atravesado, la lengua colgando, las patas dobladas, la mirada aterrada y a su lado uno que no es dueňo del Restaurante Las Delicias del Puerto sino torero, que no lleva un cubo con ácido en las manos pero sí un puñal asestándole la cuchillada final, lanzándole la rociada final. ¿Qué maldita diferencia hay?
Mientras en un país como Espaňa no se pueda llamar a las mismas cosas por un mismo nombre en función de una indecente excepcionalidad legal, mientras actos muy similares sean en un caso tradición a preservar y en otro delito, perdón, ni eso, falta, mientras sigamos consintiendo, alentando y subvencionando formas de tortura y de asesinato animal seguirán ocurriendo estas cosas que tanto turban nuestra sensibilidad ad hoc. Sólo refiriéndonos a gatos y entre otros muchos casos en unos pocos meses hablamos de un gatito atrapado en el cepo de un cazador y que finalmente murió tras ser rescatado, de otro que tampoco sobrevivió y que había sido utilizado por unos chavales a modo de balón, y de estos abrasados con un producto industrial. Entre medias de unos y otros docenas de ellos tiroteados, ahogados, quemados, envenenados, muertos a palos o arrojados a un contenedor, digo docenas por decir algo, son imposibles de cuantificar, estos casos no es que queden normalmente impunes para su autor, es que ni se llegan a conocer. Muchas, demasiadas fosas sin localizar ni abrir en España, de todas las especies.
Pero lo que más estremece, repito, no es el que carga ácido en un cubo y se lo echa por encima a unos gatitos, no es el que ahorca a un galgo, despelleja a un visón, le mete un tiro a un corzo o revienta las entraňas de un becerrito o de un toro en un ruedo o fuera de él, sino los millones de espaňoles que llaman joputa al propietario de ese restaurante y héroe a Enrique Ponce, o sin decirle héroe, no es necesario, cuentan que no les gusta la tauromaquia pero no sé qué de que por lo mismo no van y de la libertad. ¿Te serviría entonces, espaňola o espaňol con la piel tan fina para ciertas víctimas y con semejante coraza para otras, en ese laissez faire, laissez passer tuyo, que lo de los gatos abrasados se saldase con un “no estuvo bien pero hay que respetar su libertad?”
En ese caso no, ¿verdad?, por qué, ¿porque es ilegal, acaso?, ¿porque tus hijos tienen un gatito? El deseo de vivir, el derecho de hacerlo, el horror del sufrimiento físico y emocional y la violencia, querida y querido amigo de la selección ética para el bienestar de tu conciencia que con un % de indignación ya se fabrica un analgésico, no dependen de un código penal, porque si así fuese hasta los juicios sumarísimos con condena de muerte en el franquismo habría que darlos por dignos, en aquel momento, recuerda, eran legales. Como hoy lo es, dependiendo dónde, la lapidación, la ablación o la tauromaquia.
Sí, todo esto al hilo de esos pobres gatitos abrasados. Es lo que tiene la violencia, que conectada en la realidad en cualquiera de sus formas -quién no ha dicho alguna vez aquello de que la violencia engendra violencia-, ¿por qué no iba a poder estarlo en un texto? Que no escandalice en frases lo que parece no perturbar en el día a día.

@JOrtegaFr

1 comentario:

Josu Sein dijo...

¿Hay un link para poder difundir esto que desconocía, y que por supuesto relacionaré con el revuelo del tauricida muerto, revuelo nacido debido al más execrable especismo?