MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



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Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



sábado, 19 de septiembre de 2009

La necesaria unión del animalismo

Este artículo está redactado en colaboración con Mercedes Cano Herrera, Profesora Titular de Antropología Social de la Universidad de Valladolid, una persona admirable, sensible y una animalista muy comprometida, a la que agradezco su apoyo, su ayuda y su generosidad, por saber compartir y transmitir sus muchos y acertados conocimientos.


La máxima maquiavélica de “divide y reinarás (vencerás)”, ha sido a lo largo de la Historia una estrategia empleada con profusión para lograr la derrota del enemigo. Todos somos conscientes de que al aunar esfuerzos, la capacidad de defensa y de respuesta es mucho más eficaz que si los disgregamos, por lo tanto, aquel que librando una batalla de la índole que sea, es capaz de sembrar el enfrentamiento entre las filas de sus adversarios, tiene mucho camino avanzado para obtener la victoria.

Un contrincante taimado, sabe cómo buscar los puntos débiles de su oponente para alimentar las hostilidades internas, averiguando y aventando las rivalidades que sin duda existen dentro de cualquier colectivo o entre grupos afines, pero lo realmente asombroso y desolador, es cuando esas disensiones se producen sin que medie la intervención del antagonista, cuando sin éste haberlo intentado siquiera, contempla muy satisfecho cómo los otros se descabezan entre si, haciendo parte del trabajo que a él le correspondería y de paso, debilitándose lo suficiente como para propiciarle el triunfo.

Es curioso comprobar que así como la táctica del “prietas las filas” se da habitualmente en las agrupaciones más conservadoras o totalitarias, sabiendo mantenerse como unidad inquebrantable a la hora de iniciar confrontaciones con otras facciones, las desavenencias entre pares surgen por lo general en aquellos que defienden posturas más progresistas y cercanas a los conceptos de libertad y de justicia universal. Y tal vez esto ocurre por la mayor disposición hacia actitudes democráticas de los segundos, empezando su puesta en práctica por ellos mismos al no estar sometidos a una férrea disciplina interna que evitaría esas divisiones, enriquecedoras en cualquier caso porque el debate siempre es positivo, pero muy perjudiciales a la hora de presentar batalla.

Existen muchos ejemplos de lo anterior, pero queremos centrarnos en uno muy actual y cuya presencia está cobrando, afortunadamente, gran fuerza en España: el movimiento animalista – empleamos un término no reconocido académicamente para esta acepción, pero que creemos que la define de un modo muy claro -. A nadie se le escapa que la lucha por los derechos de los animales y por lograr que se les reconozca un respeto del que hoy carecen crece en importancia día a día, como no podía ser de otro modo en un País en el que los casos de maltrato y de muerte de estas criaturas, alcanzan la categoría de torturas y de asesinatos con el apoyo frecuente de la Administración y elevados al rango de espectáculos públicos.


Nos encontramos pues con toda una suerte de atrocidades sádicas que padecen los animales, aunque las más emblemáticas sean los festejos taurinos en cualquiera de sus variantes, desde la tradicional corrida a perversiones como los toros alanceados, ensogados, embolados, las becerradas, etc. Los que participan y amparan o se lucran de estas acciones vómicas, son un frente común sin resquicios cuando de preservar sus criminales divertimentos se trata, enfrentándose sin miramientos ni vacilaciones e incluso empleando la violencia frecuentemente, contra todos aquellos que exigen el fin de costumbres tan miserables.

Y del otro lado tenemos a los animalistas, empeñados en una contienda cuya existencia es difícil de concebir, pues no se entiende como en el Siglo XXI y en un País del Primer Mundo, se hace necesario todavía estar explicando que la brutalidad con los seres vivos no se puede considerar como negocio, cultura ni arte, sino como una abyección repugnante propia de mentes enfermas y ejercida por individuos agresivos, cuyas conductas son socialmente peligrosas y por supuesto, letales en el caso de los animales, a los que se dedican a martirizar con tanta saña y encarnizamiento.

Pero resulta que los avances por acabar con semejante crueldad son exasperadamente lentos, porque tanto el Estado Central como los órganos de poder autonómicos, provinciales o locales, baluartes últimos e imprescindibles para su existencia de todas estas muestras de salvajismo, no se sienten lo suficientemente presionados por los ciudadanos como para tomarse en serio este asunto, prefiriendo ignorarlo antes que afrontarlo temerosos de las consecuencias. Y es que les preocupa más la reacción de unos cuantos violentos adictos al maltrato animal, carentes de cualquier escrúpulo, que la de los defensores de estos seres, pacíficos por naturaleza, partidarios del respeto y, he aquí el mayor problema, a menudo afectados por el cáncer de la desorganización o lo que es peor, de la desunión.

Creemos que las mentes pensantes de cualquier colectivo, hacen mal si pierden de vista la filosofía que mueve a sus bases, a todos aquellos que en la calle son la fuerza y la voz que canaliza las reivindicaciones que se persiguen, pues no hay mayor honestidad, valor, ni pureza de pensamiento, que las que poseen los que se entregan a un compromiso solidario sin estar desvirtuados por “intrigas palaciegas”, que no hacen más que enrarecer el ambiente, entorpecer la labor por muy noble que ésta sea y alimentar el germen de la fragilidad e incluso de la destrucción interna.

Y llegados a este punto, nos planteamos la siguiente reflexión: si los problemas suelen surgir por los disentimientos o desafíos existentes entre los que capitanean los movimientos, cada uno con su forma peculiar de entender un mismo asunto, pero no afecta a los que fuera de los órganos decisorios de cada grupo forman su verdadera fortaleza: el inmenso número de ciudadanos que cree en una causa y a ella se entrega, sin perderse en contubernios ni en maquinaciones extrañas y sumamente perjudiciales, entonces habrá que llegar a la conclusión de que así como los que lideran son el origen de las divisiones, a los demás, es decir, a casi todos, les une un mismo deseo e ideal con independencia de bajo qué siglas contribuyan con su trabajo a esta causa.

Se imaginan por lo tanto que los que dirigen las innumerables asociaciones animalistas de este País realizasen un examen de conciencia, recordasen cuáles son los motivos que les llevaron a esta lucha y fuesen capaces de romper las cadenas que su intransigencia o egoísmo les procuran, y desembarazándose de las limitaciones que tales actitudes les imponen demostrasen la valentía y la inteligencia de unir, de combinar el esfuerzo de todos los que les apoyan, a lo que habría que sumar probablemente el de los que por no entender tan absurdas desavenencias, a día de hoy batallan por su cuenta y de forma independiente. ¿Pueden hacerse una idea de lo poderoso que sería ese “ejército” de seres humanos decididos a cambiar la trágica suerte de los animales en España?.

Nadie discute que la organización es absolutamente necesaria, pero ni el modo de entenderla ni tampoco el orden o las prioridades en una guerra con tantos frentes abiertos, pueden constituirse en rémoras como lo están haciendo, con el resultado de acciones dispersas, mutiladas y de escasa efectividad. Aquí sólo hay que tener presente un hecho: que luchamos por acabar con el sufrimiento de los animales a manos del hombre y sin duda, ese objetivo lo suscriben todos los que están empeñados en esta causa, por más que luego se difiera en estrategias o en tiempos.


Somos muchos, la gran mayoría, los que aborrecemos la crueldad con los animales y comparados con nosotros, son muy pocos los que presentan esa patología de maltratadores, ¿Cómo es posible entonces que nos ganen siempre en número cuando de manifestarse se trata?. Tenemos el contingente humano y sobre todo es nuestra la razón, porque defendemos la vida y aborrecemos el sometimiento mortal que se ejerce sobre seres más débiles y sin el amparo legal que necesitan y merecen. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo hacer sonar nuestra voz, la de todos, como si fuese una sola, ante los que tienen la capacidad de modificar una realidad tan sangrante?.

Es imprescindible superar de forma inmediata desavenencias y rencillas que nos convierten en grupúsculos cuando somos legión. Es el momento de asumir que nuestras miserias están contribuyendo a que el destino atroz que padecen tantos animales hoy, vuelva a repetirse mañana, un hecho imperdonable en quien asegura defenderlos y del mismo modo, es ya la hora de organizar una movilización masiva, en la que participen absolutamente todos los que se dicen animalistas, que no quede ni uno solo fuera, y llevarla a cabo allí donde los políticos ya no podrán decir que no nos ven ni nos oyen, en el mismo Centro del Poder de este País. Millones de personas, sin banderas, sin siglas, sin colores, sin afiliaciones y unidas, como no puede ser de otro modo, gritando con una sola voz a la cara de nuestros gobernantes que exigimos una Ley de Protección Animal amplia, suficiente, sin excepciones e inmediata.

¿Es un sueño?, tal vez, pero esta vigilia que nuestra necedad nos procura, es la condena de millones de animales. Convendría no olvidarlo ni un solo instante.

10 comentarios:

Manel dijo...

Sabias palabras Julio y Mercedes.
Algunos hace años que luchamos contra esta desunión. Pero la naturaleza humana tiene esta doble vertiente: Es capaz de cooperar para conseguir algunos fines y luego le sale la vertiente caínita.
Manel

NoTeSalves dijo...

He encontrado varias frases escritas por individuos con experiencia que nos hacen reflexionar en la necesidad de estar unidos, de enfocar nuestra lucha en los principios que tenemos en común, olvidando o dejando a un lado los pequeños detalles que nos pueden separar:

“El conocimiento lleva a la unidad, como la ignorancia a la diversidad”.
“Hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”.
“Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes”.
“La unión nos hace tan fuertes como débiles la desunión”.

A menudo parece que algunos individuos que componen el grupo de animalistas de este país, olvidan algo muy importante: Estamos intentando luchar por defender a los animales no humanos, este es nuestro fin y nuestra base. Estos compañeros de viaje, supuestamente no racionales, son los únicos protagonistas de nuestra activismo.
Por lo tanto , si estas criaturas a las que decimos defender, no conocen ni entienden de actitudes típicamente humanas tales como el orgullo o el protagonismo; no entienden de política,de estrategias de poder , de nacionalismos , ¿por qué condicionamos nuestra labor de participación en cualquier acto reivindicativo, haciendo incapié en las pequeñas o grandes diferencias que nada tienen que ver con la defensa de los animales?.
La humildad es una muestra de sabiduría, y buena parte de los dirigentes de las diferentes asociaciones y organizaciones que luchan de una manera u otra en el tema que estamos tratando, harían bien, (como cualquiera de nosotros individualemte) en recapacitar , reflexionar sobre los obstáculos que nosotros mismos estamos poniendo para terminar con esta sangría. Es triste ver cómo los perjudicados por estas divisiones , no somos nosotros los humanos, sino aquellos por los que decimos defender: los animales no humanos.
Termino con una de las frases copiadas al principio:
“Los hombres construímos demasiados muros y no suficientes puentes”.- Isaac Newton

La Araña Peluda dijo...

Estoy muy de acuerdo. En el tema de las corridas de toros y otros "eventos" de la misma naturaleza, en concreto, creo que es necesaria la creación de una única organización dedicada exclusivamente a la abolición de la tauromaquia, que reúna en una sola dirección colegiada a todos los colectivos contrarios a la práctica de ese "deporte", tanto a nivel nacional como internacional. Tengo la sensación de que aquí cada uno trata de luchar por su cuenta.

Por otra parte, la divisa "divide y vencerás" me parece muy útil porque el mundo del toreo, precisamente, está plagado de luchas intestinas, hasta el punto que algunos blogs "puristas" consideran más antitaurinos a algunos de los individuos que pululan por los ruedos que a los propios antitaurinos que se desgañitan delante de las plazas. Es un indicio de que algo huele mal en Dinamarca y mal haremos de no aprovechar y potenciar esas disputas. Se necesita una estrategia para dinamitarles el tinglado desde dentro, porque desde fuera, con el apoyo del ministerio de incultura, la SER y el propio Juanca, y ante la pasividad de la UE, lo veo bastante difícil.

Es mi opinión.

Guiomar dijo...

“La unidad que sirve es la que nos une en la lucha” , así se expresa Mario Benedetti en su poema “Vamos juntos”. Creo que tienen mucho que ver con la unidad a la que te refieres en tu artículo, tan necesaria para poder conseguir la abolición del maltrato a los animales de manera legalizada por el Estado. Os paso este maravilloso poema:

Vamos juntos

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
compañero te desvela
la misma suerte que a mi
prometiste y prometí
encender esta candela
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
(Nota: entre estas vidas están las de los inocentes animales por los que luchamos)

pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia
con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Mario Benedetti

lagalgalluenta dijo...

Excelente articulo Julio y Mercedes,unid@s otro gallo nos cantaria , lo que pasa es que siempre existen afanes de protagonismo que lo estropean todo.
Yo lo tengo claro, lo importante, defender a los animales, las luchas intestinas para colgarse medallas no van conmigo.
Un abrazo.

Carles Marco dijo...

Cuanta razón tenéis!!

Todos somos, y debemos sentirnos orgullosos de serlo, instrumentos para conseguir el fin último, el bienestar animal, el fin del maltrato institucionalizado, permitido, e incluso subvencionado.

Creo que campañas como la de PROU, y otras más reciente como la de YOTAMPOCO, son claros ejemplos de que es posible luchar y conseguir avances sin necesidad de protagonismos estériles.

En este sentido me gustaría hacer un comentario. En todas las manifestaciones y actos de protesta se exiben pancartas con lemas contra el maltrato animal, pero muchas de ellas, normalmente las más grandes, tienen el nombre de una u otra organización o partido político. Y yo me pregunto, ¿no sería más efectivo la exibición de pancartas sin ningún nombre?.

Cuando algunos ven en las pancartas PACMA, ANIMANATURALIS, o LIBERA, o lo que sea (son solo tres a título de ejemplo), siempre piensan, mira ya están aquí las organizaciones y partidos para hacerse ver, y esto resta protagonismo a la ciudadanía, a aquellos que sin militar en ninguna organización están en contra del maltrato animal.

Tal vez deberíamos empezar por eliminar de las manifestaciones las "marcas", para dar voz al ciudadano anónimo, para que los políticos, aquellos que verdaderamente toman decisiones que afectan a los animales, empiecen a pensar que es la sociedad, los ciudadanos de a pié, los que ya no transigen más con lo que sucede día tras día en nuestro país.

Evidentemente puedo estar equivocado, simplemente es una idea que hace tiempo que me ronda, y que aprovecho para lanzar aquí.

Disculpad el rollo. Saludos cordiales.

Yolanda dijo...

Carles , me parece muy acertada su opinión sobre las “marcas” con grandes letreros en las pancartas donde se denuncia el maltrato a los animales de los diferentes actos que se realizan en uno u otro punto del país. Como usted bien dice, los protagonistas de estas manifestaciones o concentraciones son los animales no humanos, y a los que tiene que ir dirigido este mensaje es a los ciudadanos de a pie,a los que con su voto, pueden hacer cambiar el rumbo de las decisiones que tomen uno u otro partido político. Creo que convendría señalar que , aunque sí es verdad que estos actos reivindicativos están organizados por una colectivo determinado, no podemos olvidar que la mayoría de los participantes son personas anónimas, voluntarias y libres, que con su participación, hacen que se cumpla el objetivo principal de estas manifestaciones, que no es otro que el de dar difusión al maltrato legalizado y a la necesidad de un cambio en las leyes, para que nuestros compañeros no humanos puedan tener el trato justo que merecen.

“Con tu puedo y con mi quiero, vamos juntos compañero”. Esto es lo que hace falta:
que queramos estar unidos, si queremos , podremos.
Para seguir terminando con Benedetti: “Para gozar el mañana, hay que pelear el ahora”.
Si no estamos unidos para “pelear” ahora, nuestros queridos animales no gozarán mañana.

José Carlos dijo...

Es cierto que son muchos los frentes abiertos, tantos, que la mayoría de las Protectoras acaban por centrarse en sus perros y gatos y olvidarse de todas las demás cuestiones. No digo que no sea importante lo de los animales domésticos, pero ese trabajo nos absorbe todo nuestro tiempo, y, a veces, pienso que si nos quedamos ahí, estamos cerrando las puertas a una labor mucho más importante. Mucho me temo que eso es lo que le pasa a la mayoría de las Protectoras, que se ocupan de “sus” animales, y que, con el tiempo, acaban por mirarse su propio ombligo, olvidándose que hay muchos más animales que las necesitan. Me imagino que esa es una de las razones por las que en manifestaciones o marchas tan emblemáticas como el Toro de Tordesillas, el fin de la caza de las focas o las protestas contra la expermientación animal se echan de menos tantas y tantas Protectoras.
Desde luego, que hay una desunión entre los animalistas, pero no deja de ser también cierto que hay una desorganización entre quiénes asumen las competencias de intentar unirnos a todos.
Poco a poco, a medida que me he adentrado más y más en todo este mundo, me he dado cuenta que, en realidad, estamos en guerra, al menos, yo me lo he terminado tomando como una guerra, por eso cuando, en vuestro artículo, haceis referencia a la lucha me siento totalmente identificado con esa palabra Y todos sabemos que toda guerra necesita una estrategia para poder ganarla El problema es que nosotros carecemos de ella y funcionamos más a base de empujones que de una auténtica planificación. Hace poco le escribía a un amigo diciéndole que me da la sensación de que todos los actos que se organizan a lo largo del año, no son más que escaramuzas. No quiero decir que no sean importantes; que sí lo son, al menos, en tanto en cuanto, pueden servir para cambiar las conciencias, pero este cambio es demasiado lento, y mientras tanto millones de animales se están muriendo de las formas más horrorosas. Además es mucha la gente que termina abandonando su compromiso porque se cansan de ir de un lado a otro y ver que todo sigue igual. Es necesario que nos replanteemos una nueva estrategia, y que nos hagamos conscientes de que este es el MOMENTO y ya no sirven más aplazamientos. La guerra se gana en los campos de batalla importantes y debemos ser conscientes que si realmente queremos ganarla, nuestros objetivos tienen que ser más importantes y ambiciosos.
Por eso el final de vuestro artículo no tiene desperdicio y constituye, por si solo lo que debiera ser la declaración de intenciones de cualquier activista animalista, porque son palabras cargadas de razón y dirigidas directamente al corazón. Pero todos sabemos que el peligro de las palabras es que no son más que eso: palabras, y al final de nuestra lectura acabamos todos por asumir nuestra rol actual y consideramos que aquello que acabamos de leer está muy bien, pero sólo en el papel..
Es esencial que intentemos unirnos y hablar, aunque solo seamos media docena de personas, Es necesario que nos unamos entorno a un Proyecto como el que mencionais en vuestro escrito: inundemos la Castellana con nuestras tiendas de campaña y extendamos nuestra protesta a todas las ciudades de España, tenemos la infraestructura necesaria: cientos de Protectoras en todas y cada una de las principales ciudades. Sólo hay que coordinarlas, si hace falta hablar con ellas de una en una y en persona, hagámoslo. Pero, por favor, no nos quedemos por más tiempo en las palabras.
Los que ya no somos veinteañeros, ni treintañeros, ni siquiera cuarentañeros vemos que el tiempo se nos escapa cada vez más entre las manos.
Yo me llamo José Carlos y estoy dispuesto a poner toda mi energía en este Proyecto, y cuando digo toda, me refiero a que no daré ni un solo paso atrás en mi lucha. si al final solo me quedó yo frente al Congreso de los diputados con mi saco de dormir y mi pancarta, entonces que así sea, cumpliré con mi parte y no traicionaré mis convicciones, pero lucharé. Porque, no olvidemos que, la única batalla perdida es aquella por la que no se lucha.

José Carlos dijo...

Por cierto, Julio, no quiero dejar escapar la oportunidad de decirte lo mucho que me gusta tu blog. Desde que lo descubrí, hace ya varios meses, se ha convertido en una de mis referencias y lecturas obligadas. Me imagino que somos muchos los que nos encontramos reflejados en tus comentarios y compartimos tus opiniones. En lo que a mí me toca agradecerte sinceramente tu labor.

Anónimo dijo...

Es muy difícil combatir ciertos elementos intoxicadores que suelen introducirse en cualquier movimiento social en alza, aprovechando la debilidad de activistas demasiado ilusos (quiero creer) para ocupar cargos de peso... Permitiendo o provocando los conflictos que han herido gravemente el movimiento, en este caso el animalista.