MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



ESTA PÁGINA CONTIENE IMÁGENES MUY DURAS Y TEXTO QUE POR SU CRUDEZA, PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE Y HERIR LA SENSIBILIDAD. TANTO LAS FOTOGRAFÍAS COMO LO QUE SE HA ESCRITO NO HACE MÁS QUE MOSTRAR UNA REALIDAD BRUTAL, PERO SI CONSIDERA QUE PUEDE VERSE AFECTADO AL CONTEMPLAR LO QUE AQUÍ SE EXPONE, NO SIGA ADELANTE.

Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



domingo, 29 de marzo de 2009

Galicia y sus perreras medievales

Pero, ¿qué es lo que está ocurriendo con las perreras en Galicia?, cómo es posible que el Siglo XXI descubramos que siguen existiendo Centros municipales oficialmente dedicados a la acogida, al cuidado y a la adopción de animales abandonados sumidos no ya en la precariedad, sino carentes de cualquier tipo de recurso que obligatoriamente ha de ir unido a este tipo de servicio y en los que el departamento dedicado a la muerte de los perros y de los gatos parece ser el único que funciona con siniestra efectividad, al menos desde el punto de vista económico que no bajo el deontológico, porque por ahorrar gastos en cualquier tipo de atención, manutención, personal o medios materiales, se aplica la ejecución modo abundante y barato, tendente no a evitar el sufrimiento de los animales, sino a impedir que pidan de comer o a tener que procurarles cuidados veterinarios y para ello nada mejor que matarlos, de hambre, dejando de atenderles en caso de enfermedad o de heridas, facilitando las peleas y si al final nada de eso resulta efectivo, con un sacrificio económico, que la muerte de saldo no elude padecimientos pero si ahorra euros.


No, la Galicia de las perreras no tiene nada que ver con esa moderna que pregonan los políticos ni tampoco con la de los folletos de turismo, porque sigue existiendo una tierra profunda, ignorante y salvaje en la que estamos más cerca de aquella en la que se sentía el repentino olor de velas por las corredoiras que de la que se presenta al mundo como Galicia Calidade, una Galicia en ciertos aspectos todavía inmersa en el medioevo brutal y siniestro en la que el respeto a la vida, sobre todo a la de las "bestias", es un valor inexistente al menos en una parte de sus habitantes y, como ejemplo, valga el alto índice de abandono y de maltrato a perros principalmente a manos de cazadores, afición sangrienta que en la Comunidad en la que se celebran los campeonatos de caza del raposo o de tiro al pombiño cuenta con un buen número de adeptos, o el desprecio bastante generalizado hacia los mismos sobre todo en el ámbito rural, un entorno en el que conceptos como atención veterinaria, libertad de movimientos o respeto por su integridad no suelen ser valores aplicables a los canes, y también por parte de algunos de sus políticos, tanto por indiferencia como por consentimiento cuando no por responsabilidad directa, pues la gestión de las perreras corresponde a los ayuntamientos, que bien las atienden con medios propios o delegan en alguna empresa privada, y es en estos dos casos en los que nos encontramos con situaciones en las que más allá de deficiencias tendríamos que hablar de conductas criminales, aunque a veces la Ley, normalmente partidista, insuficiente y profundamente injusta, las califique como mucho de faltas.


Hace pocos días se divulgó un asunto que viene de antiguo, el de la Perrera de O Carballiño, en Ourense, con la muerte repentina de un tercio de los perros allí encerrados y que según los responsables ocurrió de modo natural; también se descubrieron en ese lugar fosas repletas de cuerpos de los animales y saltaron a los medios de comunicación las continuas denuncias de lo que allí estaba ocurriendo por parte de grupos ecologistas, tanto por la desaparición de los perros como por la absoluta falta de recursos materiales y humanos en un Centro que recibió una subvención de la Xunta de unos 250.000 euros para ser empleada en mejoras. Y ahora nos enteramos de que existe otra en A Coruña, en la Localidad de Culleredo, gestionada desde hace quince años por una Empresa de desratización y que viene prestando servicios a la Comarca sin tener ningún tipo de permiso para ejercer dicha labor. Pero no queda ahí la cuestión, pues no existe veterinario, las dependencias son inadecuadas, los animales, los pocos que hay, sobreviven en condiciones espantosas y es cualquier cosa menos un lugar de acogida, sino que parece ser más bien, al igual que la de O Carballiño, un Centro de exterminio. Y únicamente hay seis perros en la misma según la información de un Diario y ningún gato, pero no porque se recojan pocos animales, sino porque al parecer entran y casi inmediatamente mueren, que como antes decía, no hay acogida más barata que la que no existe y para ello, nada mejor que acabar con la vida de la criatura abandonada que tiene la inmensa desgracia de ser atrapada por los laceros que trabajan para esa Empresa dedicada a matar ratas... y perros, y gatos. ¿Alguien es capaz de explicar qué méritos ha podido hacer una Compañía cuyo cometido es la exterminación de roedores para ser elegida como la más idónea para prestar el servicio de asistencia a animales abandonados?. Lo que está claro es que su experiencia profesional en la eliminación de seres vivos la traspasan a todas las facetas de su negocio. ¿Por qué la gestión de las perreras no recae en sociedades protectoras y en albergues en los que el sacrificio no forma parte de sus cometidos y cuya preocupación por los animales suele estar más que demostrada?.

Por otra parte la perrera no ofrece a los animales en adopción, algo que tendría que ser una prioridad dentro de su política porque no debería de ser el objetivo de estos lugares convertirse en mataderos, sino que sus obligaciones habrían de pasar por la recogida de los animales abandonados, su atención veterinaria en el supuesto de presentar algún tipo de afección, la identificación de los mismos en los casos en los que sea posible – algo muy complicado cuando su anterior dueño era un cazador, puesto que tienden a no implantarles el microchip para que no ser imputados cuando los abandonan o maltratan - y por último y para aquellos cuyo propietario es imposible de localizar, procurarles una difusión suficiente con el objeto de que puedan ser adoptados, labor esta que tendría que ir acompañada de campañas de divulgación acerca de las ventajas de la adopción responsable antes que de la compra en establecimientos que fomentan la cría indiscriminada y el tráfico sobre todo de perros, con las consecuencias que tal mercado implica. Los encargados de la Empresa desratizadora metida a centro de recogida animal, alegan que no es necesario ofrecerlos en adopción porque tienen una extensa lista de espera de interesados. Es muy curioso tal hecho en un País en el que las protectoras y las perreras que sí funcionan como es debido, se las ven y las desean para encontrar hogares de acogida para los animales. Y semejante eficiencia en su servicio resulta chocante cuando según declaraciones de personas que han perdido a sus perros, la Empresa aniquiladora de roedores que dirige esta nave convertida en supuesta perrera, pone todas las trabas posibles para que los dueños de un animal extraviado puedan acceder a las lamentables instalaciones para tratar de identificarlo. Cuenta un vecino de Oleiros que sólo después de ir en tres ocasiones le permitieron buscar a su perro, alegaban que ellos no lo tenían y cuando gracias a su insistencia logró entrar para comprobar si estaba allí, se encontró con su pastor alemán dentro. Es fácil imaginar qué hubiese ocurrido con el perro si este hombre no se hubiese obstinado en examinar a los animales encerrados en la perrera, habría muerto mientras su dueño lo continuaba buscando habiendo estado varias veces a pocos metros del mismo. Tal vez la actitud entorpecedora de los responsables de tan irregular Centro, se deba a que en muchos casos el pobre can ya ha sido sacrificado de forma casi inmediata para evitar cualquier gasto que su mantenimiento pueda ocasionar. De los gatos ni hablamos, según el Periódico en el que aparece la noticia no hay ni uno. ¿Tendrán también lista de espera para los felinos?.


Como decía la Perrera de Culleredo la gestiona una Empresa que nada tiene que ver con la protección a los animales, no existe veterinario, no figura en el registro oficial de perreras, sus instalaciones son ilegales, no hay lugar en la misma para difundir la adopción y los perros y gatos que allí entran desaparecen rápidamente. En la de O Carballiño se dan un cúmulo de anomalías, de carencias, de oscurantismo alrededor de la muerte masiva de perros y una actitud cobarde y despótica por parte del Equipo de Gobierno que pone todos los impedimentos posibles para explicar lo que allí está ocurriendo. Estos son dos casos reales en Galicia y seguro que hay bastantes más de los que no tenemos conocimiento pero a juzgar por estos ejemplos, la conclusión a la que llegamos es que en esta Comunidad nacer perro es tener muy altas probabilidades de verse abocado al desamparo, al sufrimiento y a una muerte prematura y dolorosa. Entre el poco aprecio que se les tiene sobre todo en determinadas zonas, el gran número de ellos que muere atropellados debido al estado lamentable de las vallas de protección en viales rápidos y a la conducción temeraria de muchos por carreteras de parajes rurales, en las que es habitual que perros y gatos deambulen por los márgenes o las crucen, también a su maltrato, abandono y hasta muerte tan frecuente a manos de cazadores para los que los perros sólo son dignos de atenciones mientras cumplan su función para la caza, después se convierten para ellos en estorbos a eliminar y al fin, porque el último recurso que les queda, la asistencia por parte de los centros gestionados por los ayuntamientos, en vez de ser un servicio adecuado, sensible con las necesidades de estas criaturas y orientado a su cuidado y ayuda, no suelen ser más que negocios que tanto si están en manos municipales como cedidos a cualquier empresa privada, lo único que les preocupa es la cuenta de resultados, por eso cada perro o gato que entra ellos se convierte en candidato a una ejecución casi instantánea y mientras les llega su hora, la atención que reciben es por completo insuficiente. No ocurre esto en todas las perreras, pero lo cierto es que con una en la que estuviera pasando sería suficiente para tomar medidas sin la menor dilación y en Galicia, casos de semejante crueldad y negligencia no son precisamente escasos y constituyen una realidad vergonzosa e intolerable.