MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL



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Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

Después de que todo se haya dicho y hecho, quedará mucho más por hacer que por decir. (Jane Goodall)

Ante la injusticia la cobardía se viste de silencio. (Julio Ortega)



viernes, 29 de abril de 2011

Ignacio de Cossío y su Manifiesto Taurino

Cuando una persona defiende algo debería de emplear para hacerlo, por honestidad e inteligencia, argumentos que respondan a la realidad, y no ya sólo porque lo contrario es una majadería al resultar demostrable, antes o después, que su discurso está construido con mentiras, sino porque flaco favor le hace a una causa teniendo que buscar falacias para abogar por ella a falta de verdades a las que recurrir. Dicen que la mentira tiene las patitas muy cortas, pero hay quien se empeña en subirse a esos menguados zancos para realizar ridículos equilibrios que al fin, acaban indefectiblemente con el sujeto mendaz arrastrándose entre la fullería.

Eso es exactamente lo que está pasando con Don Ignacio de Cossío y Pérez de Mendoza - ¡cuánta querencia por preposiciones y conjunciones hay en ciertos sectores sociales! – escritor, periodista y crítico taurino, al que parece que en la facultad de ciencias de la información no le consiguieron inculcar el código deontológico para ejercer el periodismo: atenerse a la verdad, estar abierto a la investigación de los hechos, ser objetivo y contrastar los datos. Seguramente, este peculiar licenciado tampoco tendrá la decencia de respetar el principio de rectificar las informaciones erróneas que haya vertido. Y salvo que sea un cretino, que no lo creo, a buen seguro es consciente de haberlo hecho.

En el extenso panfleto taurino que acaba de publicar en algún medio de comunicación titulado “Manifiesto en defensa de la fiesta”, afirma que utiliza sus “mejores argumentos para ejercer una firme defensa de la fiesta hoy tan perseguida”. No quiero imaginar cómo serán el resto, porque si lo más agudo que podemos esperar del Señor de Cossío es semejante sarta de despropósitos, patrañas y datos sesgados, temo que le esté infligiendo más daño que apoyo a la tauromaquia y que en su afán de salvarla, la está hundiendo un poquito más de lo que ya lo está.
Hagamos un pequeño repaso a algunas de las razones del sobrino del autor de la Enciclopedia El Cossío, asertos cuyo análisis invita a pensar que ciertos personajes pretenden descollar en una actividad limitando sus méritos a la posesión de un apellido célebre en la misma, una estrategia que suele resultar fallida cuando dicha genealogía no va acompañada de cierta capacidad personal que, lamentablemente para quien intenta explotar tal superchería, no es hereditaria.
Afirma Don Ignacio que “la ética y la moral están referidas a las relaciones entre los hombres, no entre los hombres y los animales. Así lo defendieron dos grandes filósofos como José Ortega y Gasset y Francis Wolff, y nada parece haber cambiado…”. Veamos, nombres como Jeremy Bentham, Tom Regan, Jesús Mosterín, Peter Singer o Albert Schweitzer, entre otros, ¿con qué disciplina los identificará este Señor?, ¿con los triles? Todos ellos son doctorados en filosofía, y mantienen que el ultraje irreflexivo a la vida es incompatible con la verdadera ética, extendiendo ésta su responsabilidad a todo aquello dotado de vida. No debería, por lo tanto, leer el sobrinísimo únicamente lo que le conviene, o tal vez me acerco más a la verdad si sospecho que cuenta tan sólo lo que apoya sus teorías ignorando deliberadamente un resto mucho mayor.
Indica que “los antitaurinos se equivocan de pleno al asegurar que el toro sufre y se le martiriza en cualquier momento de la lidia, pues como bien es sabido por todos, al toro como a cualquier animal de la tierra no se le pueden atribuir cualidades humanas que no le pertenecen…”. ¿Bien sabido por todos? Qué entenderá el Señor Cossío por “todos”, y si dota a este adverbio de su correcto significado, entonces mi sorpresa es todavía mayor, por cuanto de asunción de imbecilidad colectiva tiene su afirmación. La primera patada de Don Ignacio es la que le asesta a la ciencia: ¿carecen los animales no humanos de sistema nervioso y por lo tanto son incapaces de sentir dolor? Alguna vez le he pisado el rabo sin querer a mi gata y su chillido me muestra que ella tiene más percepción física que este Señor decencia al decir eso. Desde Charles Darwin a José Enrique Zaldivar, miles de personas entregadas a la ciencia, que no al “apellidismo”, sentirán ganas de echarse a llorar al leer semejante aberración. Al asegurar de Cossío que el toro no sufre porque no es un ser humano, presiento que hasta a sus compañeros de afición les embargará la vergüenza ajena y suplicarán que mejor se calle, pues está utilizando un argumento que desde el mundo taurino ya sólo emplean media docena de embusteros y cuatro zoquetes, una mentira que lejos de ayudarles no hace sino enfangarles todavía más.

Don Ignacio se pregunta “cuáles son los derechos del toro, pues todo derecho conlleva una obligación, una responsabilidad y cree que el toro como cualquier otro animal, incumple en más de una ocasión desgraciadamente esa segunda parte”. Pues a ver cómo le explica a todos los familiares de niños de corta edad o de enfermos con algún tipo de degeneración neurovegetativa grave, grupos ambos a los que nadie en su sano juicio pretende exigirles la más mínima obligación – para empezar porque no están en condiciones de comprenderla - que al no tener responsabilidades carecen de cualquier derecho y por lo tanto lo mismo podemos meterles un dedo en el ojo que ensartarles una banderilla. Claro, que él regresará a su distinción entre humanos y animales no humanos, pero yo concibo la violencia como una acción que queda definida en función de la conducta del agresor y no de la especie de la víctima.
La única verdad que este hombre lanza es que “el toro de lidia es una creación humana”. Cierto, pues se trata de una raza obtenida tras diversas manipulaciones genéticas. La cuestión es para qué le sirve esa realidad a nuestro lúcido periodista: pues para afirmar que “es un producto cultural vivo sin la posibilidad de discernir ni escoger nada”. A ver si lo entiendo: como las características del animal destinado a las corridas son el resultado de experimentos de laboratorio - poco importa que se encuentren dentro de un ser vivo - lo convierten de forma automática en una creación artificial en la que lo único que cuenta es la paternidad de ciertos rasgos en sus genes y no la fisiología que, compartida con cualquier otro mamífero, por supuesto que sí incluye su capacidad de discernimiento y de elección. El origen que atribuye al toro de lidia le sirve para decir que “su única finalidad es servir y vincularse a un espectáculo en concreto”. O sea, que es una simple herramienta, ¿no?, con lo que eso implica: podemos construirla, usarla, golpearla, deformarla y destruirla sin que tales acciones hayan de estar sometidas a un análisis de sus consecuencias. Leyendo lo anterior y teniendo en cuenta el grado de raciocinio del Señor de Cossío, uno se pregunta en cuántas probetas habitó antes de coger un bolígrafo y gastar la tinta en tantas sandeces, porque además de negar en los toros características que hasta un niño de primaria podría explicarle, reduce a un ser vivo a la misma categoría que una llave del 12. ¿Quién carece realmente de discernimiento?

Cómo no, echa mano de las dehesas y asegura que la existencia del toro de lidia es lo que salva a estos espacios de una destrucción segura en los que – agárrense – “`permanece el misterio de lo cotidiano frente al balanceo magistral de la vida y la muerte sujeto por un soplo de incertidumbre”. Aquí, el soplo, es el de la estulticia que barrió del cerebro de Don Ignacio dos hechos: no llega al 7% de las dehesas las dedicadas a la cría del toro y para todas ellas, estén ocupadas por éstos o por sapillos, existen leyes de protección no supeditadas a su condición de corredores de la muerte.
Para desvirtuar la denuncia de crueldad con el toro durante la lidia sostenida por los grupos de defensa animal, nuestro docto taurófilo nos habla de los pollos de engorde, las langostas, los patos para foie o los ratones de laboratorio, indicando que todos esos y más les traen sin cuidado a los animalistas, a los que en el colmo de la hipocresía “no les importa acabar con su vida de manera inmediata” y “presentan los mataderos como hospitales de beneficencia”. ¿Dónde se ha documentado este hombre acerca de los colectivos de protección de animales?, ¿en la Alemania nazi? A su absoluto e increíble desconocimiento de las posturas mantenidas por filósofos, etólogos o veterinarios, ahora suma la de lo animalistas. En algo sí se parece a su tío: podría escribir también una enciclopedia pero en su caso del absurdo. Señor de Cossío, hay muchos ciudadanos, la mayoría, que por ética – esa que Usted desprecia cuando alcanza a los animales no humanos – por razones económicas o por rechazo de la violencia como forma de expresión artística reclaman la abolición de las corridas de toros y sin embargo, continúan siendo consumidores de productos de origen animal, cierto. Pero hay otro grupo, imparable y creciente, aquel que conforma un animalismo activo y comprometido, producto de la observación y la reflexión, que rechaza cualquier explotación, sometimiento y muerte provocada de animales, llámese tauromaquia, peletería, circo, vivisección, caza o matadero industrial. Indica que “si es una rata no nos importa acabar con su vida de manera inmediata”. No le voy a responder yo. Ya que se nos presenta como un erudito volcado al mundo de las letras, seguro que no tendrá inconveniente en hacer en su biblioteca, entre tanta elegía al capote y al acero ensangrentado, un pequeño sitio para un cuento de Isaac Bashevis Singer titulado “The letter writter” Acaso su lectura abra un poco una mente tan incapaz de entender el progreso en el pensamiento, o tan esclava de determinados intereses. En definitiva, por limitada o egoísta, al servicio de la confusión colectiva.

Don Ignacio enumera la consabida lista de escritores, músicos, pintores o escultores que otorgaron su apoyo a la tauromaquia. No voy a hacer lo propio por no alargar mi respuesta, pero por cada nombre que él indica podría yo dar otros dos. Cuál es el sentido de esa estrategia, ¿tal vez hacernos creer que el despuntar en una disciplina convierte a ese virtuoso de la acuarela o de las letras en un modelo de conducta para todos los demás órdenes de la vida? ¿O que reconocer su maestría en esa faceta significa rendirse, sin el menor análisis, a su personalidad? Me fascina Richard Wagner, en eso coincido con Hitler o con algunos de los autores del asesinato de los abogados laboralistas en la Calle Atocha. Y dicho compositor nunca ocultó sus filias por las ideas nacionalsocialistas. ¿Soy por eso un nazi? No, simplemente me gusta su música casi tanto como me repugna su forma de pensar.

Explica que la tauromaquia “es en este País el espectáculo que más dinero ingresa en las arcas del Estado”. Ahí es nada, el Señor de Cossío, bien entrado en el calor de su faena, da el salto de la rana y se sitúa incluso por delante del fútbol en cuanto a la producción de dividendos. Uno se pregunta, a la vista de tantos euros como genera la tauromaquia producto de la, según él, inmensa afición que existe, cómo es posible que necesite continuas e ingentes inyecciones de dinero público – Don Ignacio lo niega, y despreciando los presupuestos públicos que cualquier ciudadano puede consultar y donde se reflejan estas partidas, asegura que “el toreo no recibe subvenciones del Estado” – También causa asombro entonces el hecho de que no pocos ayuntamientos se han endeudado por la construcción de plazas que jamás llenan, o que cada vez se suspenden más festejos por falta de dinero y por la escasa venta de entradas, o las declaraciones del propio mundo taurino, en el que ganaderos, toreros, empresarios y hasta los miembros de la propia Mesa del Toro, se quejan de lo deficitario del negocio. No lo entiendo, porque aún siendo un ignorante en mercados y en finanzas, pensaba que un producto con muy alta demanda amplía progresivamente su red de ventas y genera beneficios, algo que evidentemente no está ocurriendo con las corridas de toros.

Otra de las perlitas de su manifiesto es en la que afirma que la tauromaquia “ejerce como una escuela de buenas costumbres y escala de valores” Ahora todo depende de a qué llame un uso respetable y un referente digno. Si para él constituye una expresión de grandeza del ser humano el que a un animal irracional se le obligue a entrar en un recinto en el que lo torturará y matará, donde se exalta la dominación violenta del hombre sobre cualquier otra especie, e ignorando en todo momento el miedo y el dolor de un toro sin escapatoria posible a tan cruento tormento, entonces el ruedo sí que es una escuela de costumbres y valores admirables razonando como lo hace el Señor de Cossío. Otros muchos, sin embargo, no compartimos su percepción de lo sublime o educativo y no queremos para nuestros hijos mentores con su traje empapado en la sangre de sus víctimas. Hitler dijo en una ocasión: “Quien no posee el poder pierde el derecho a la vida”. Esa era su escala de valores. ¿Debemos darla por buena?
Don Ignacio llega al paroxismo de la mendacidad cuando ya completamente poseído por ese universo taurino que tan solo existe en su mente dice lo siguiente: “En el ruedo se representa un hombre bajo la sombra de su propia soledad existencial frente a unas fuerzas desatadas de la naturaleza que le quieren destruir… el hombre, a base de ingenio y lucidez, con un trapo llega progresivamente durante una faena a dominar al toro”. ¿Qué les parece?, traten de imaginarse la escena según nuestro poético escritor. No sé ustedes pero yo, a tenor de su descripción, me represento a un hombre desvalido y aterrorizado, armado únicamente con un pañuelito de esos para los constipados que agita con nerviosismo, mientras le van acorralando seis hidras y otros tantos dragones furibundos, la tierra se abre bajo sus pies y una lengua de lava le corta la retirada… ¿Fuerzas desatadas de la naturaleza?, ¿un trapo?, pero, ¿en qué sala de cine fantástico en 3D ve este hombre las corridas de toros? Alguno de sus colegas de afición debería explicarle que en la lidia lo que hay en la arena es un único toro, al que con el acero de una pica primero le destrozan determinados músculos para limitar su movilidad y campo de visión, además de para originarle un dolor atroz que ya no le abandonará. Que con acero también, el de las banderillas, aumentan sus lesiones y su sufrimiento para debilitarle todavía más. Y que con acero de nuevo, el de la espada, le atraviesan los pulmones para que muera ahogado en su propia sangre. A base de ingenio y lucidez dice el Señor Cossío, para el que las armas que se utilizan contra el toro quedan transformadas por arte de magia – o de la hipocresía – en un mísero cacho de tela que el torero convierte en instrumento mortífero.

Aunque en su manifiesto hay bastante material más de características similares al mencionado – yo recomiendo su lectura porque ilustra acerca de cómo están perdiendo el norte algunos en su afán de defender lo indefendible – voy a terminar ya con un consejo que lanza este hombre: “hay que evitar el debate antitaurino puesto que siempre se realiza desde una óptica acusadora sin exponer ningún argumento coherente” A mí, vista la colección de majaderías y falsedades esgrimidas por él a lo largo de su artículo dicha advertencia podría parecerme jocosa, pero teniendo en cuenta que sólo busca - amparándose en una ridícula pretensión de autoridad que cree que su apellido le otorga - perpetuar una tradición injusta y salvaje, lo que me produce son nauseas. Don Ignacio de Cossío y Pérez de Mendoza acaba recordando que “la libertad no se negocia, sencillamente se ejerce” Pero la suya parece que interfiere con el derecho de otros a vivir y puestos a recortar, más vale que Usted sea un poco menos “libre” si eso implica que otros no pierdan la vida. En cualquier caso, no dude que muchos seguiremos ejerciendo la nuestra para continuar denunciando los horrores de la tauromaquia, sobre todo porque esta libertad, la que nosotros defendemos, no tiene como precio muertos, sino que trata de evitarlos.

10 comentarios:

Josu Sein dijo...

No he podido leerlo todo, y lo digo en serio, pero de lo que he leído:

-Una persona que no sabe diferenciar ética de moral carece de toda credibilidad.

-Son los taurinos los que les atribuyen características humanas a los toros (valentía, honor, nobleza...) y no al contrario. Y eso independientemente de que cualquier amimal con sistema nervioso desarrollado sufra igual. No es cuestión de extrapolar a los toros características humanas, sino de hacer ver que las poseen, por lo menos biológicamente.

-Si los animales no humanos carecen de deberes (también hay que diferenciar los derechos innatos de los jurídicos que cambian en cada país),entonces no tienen el deber de servir como alimento, ropa, divertimento, etc., y deberían de ser totalmemnte libres. Un argumento "filosófico" que deja mucho que desear.

-En Catalunya, donde se han perohibido las corridas, NO EXISTEN DEHESAS, pardillo, así que infórmate mejor.

Y de verdad que no puedo seguir comentando a pesar de lo que me va a caer encima, pero lo que me importa en este caso no soy yo sino los toros. Se os acaba el chollo, masoquistas.

Josu Sein dijo...

Perdón, masoquistas no, sádicos...

Isabel García dijo...

Si hay algo que no soporto en este mundo es la tontería y el creerse por encima de los demás cuando tu mierda huele a mierda como la de todos. Creo que encima lleva nombre artístico para darse más empaque. A mí de entrada un tío que se presenta como "Ignacio de Cossío y Pérez de Mendoza" ya me da mala espina. Seguramente a esos apellidos les sobra algún "de" y por supuesto, el uso de la "Y" entre los apellidos materno y paterno ya no se admite en los registros civiles (creo que en Cataluña sí, y me da que muy catalán no es, pero de todas formas allí es "i", no "y"), así que ponerse un nombre rimbombante para ganar pedigrí pal me parece algo tan ridículo, como cuando Homer Simpson se cambió el nombre por Max Power porque sonaba más molón. Es que a estas criaturitas no hay por dónde cogerlas.

Fin Maltrato Animal dijo...

Josu, siempre tan acertado y sensato en tus reflexiones. Isabel, hay algunos que no pueden disimular su vacío interior por más vistoso que sea su envoltorio. Un abrazo y Salud a los dos Compañeros.

Pablo dijo...

Claro y como siempre contundente. Otra vez, enhorabuena amigo!

Mabel G. dijo...

Los apellidos no hacen a las personas sino las personas a los apellidos y con muchos apellidos o sin ellos, un taurino es un maltratador animal al que tildo de psicópata.
......
Me adhiero a tu blog con todo gusto.
Un saludo desde lares del sur (Buenos Aires)

Fin Maltrato Animal dijo...

Gracias por tus palabras Mabel, y sobre todo por tu compromiso. Salud

Anónimo dijo...

El video de está página me ha dejado sorprendido ....

http://www.maltratoanimal.tk

Por qué tanta maldad en esa gente.?

Mishelle dijo...

Wuaaau . ! me alegra que por lo menos 1 de mas de mil millones de personas se interesen en lo animales ya que los animales por si solo no se pueden defender , da mucha pena ver el sufrimiento de lo animales que recae por la ira de un ser humano . esto e muy injustificable y por mi parte mataria a aquellas personas que hacen esto solo por desatar la ira del ser humano QUE CULPA TIENEN ELLOS ! Me uno a tu blogs esta buenisimo y tambien me alegra que la gente igual se interese por los animales . ;) Saludos .

sexshop dijo...

yo no puedo con esto, que prohiban los toros ya!